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 Biblia                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

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Morcilla y Chorizo
Orígenes de la B.
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La mejor traducción
Buen y  mal ladrón
El cómputo bíblico
Las ciudades refugio
Segundo mandmto.
Evangelio, ¿mayúscula?
Días Creación
Genealogía Jesús

 

            No hay que olvidar que la Biblia es el resultado de unas cuantas circunstancias históricas por las cuales Dios se ha revelado al mundo. La primera es el tiempo. Desde que se trascriben las primeras tradiciones orales (que corren de boca en boca durante muchos siglos), hasta que se escribe el Apocalipsis, transcurren no menos de 1000 años. Se atraviesa por una serie de culturas (egipcia, asiria, babilónica, persa, romana, griega), muy diferentes a las nuestras de hoy y es inevitable que su comprensión sea muy problemática. Luego vienen otros 2000 años de interpretación, en los que las herejías han ido plantando sus confusiones; entre las más perniciosas la mal llamada Reforma protestante, que, con su “libre examen”, da ocasión al nacimiento de todas esas divisiones sectarias actuales.

            Y es el efecto, no la causa. La Revelación no nace en la Biblia, sino en Dios que se “re-vela” a los profetas, éstos trasmiten, en la mayoría de los casos, sus visiones al pueblo, que recoge oralmente el mensaje, y luego los hagiógrafos lo ponen por escrito.  El Antiguo Testamento es pues la última etapa de esta Revelación. En el caso del Nuevo Testamento, es Jesús, la Palabra hecha Hombre, el Verbo hecho Carne, quien transmite todo lo que trae del Padre a sus discípulos (Mt. 28 18), y éstos, constituidos en Iglesia presidida por Pedro, el primer “papa”, lo predican. Luego unos autores, ya conocidos en el sentido actual del término, van poniendo por escrito mucho, no todo (Jn. 22,25), lo que va surgiendo en su caminar.

Y es ésta, la Iglesia, la que decide cuántos y cuáles libros la integran. Por tanto, la Biblia no es la fuente de esa Revelación, como quieren las sectas modernas, sino uno de los cauces. No está, pues en la Biblia todo lo revelado, ni tiene por qué estar.

            Basado en estos principios, se abordan las cuestiones referentes a su contenido en esta sección.

 
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