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 El cómputo bíblico                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ ¿Se medían las edades de las personas de antes del Diluvio, como se declaran en la Biblia, según el mismo tipo de años que nosotros usamos? Ángel Negrón, Mayagüez.

            R/ Desde luego que no. Aunque, para ser exactos, habría que distinguir dos o tres cosas.

a) Es posible que algunas de las cifras bíblicas se nos pierdan en la más primitiva prehistoria (valga la redundancia); y, en ese caso, puede ocurrir que no conociesen el ciclo anual de la naturaleza. Pero eso sería  en una etapa muy primitiva.

b) En general, se supone que el relato bíblico conoce muy pronto el ciclo anual (no tanto el semanal, del que tiene noticias al contacto con el mundo egipcio), y por lo tanto los años tienen los mismos 365 días que los nuestros. El problema radical de todo esto está en:

c) La numeración, es decir la cantidad de años señalados no tiene, casi nunca, un valor matemático, sino simbólico. Por eso, lo único que podemos aspirar es a interpretar el simbolismo y no el matematismo de las cifras. Por ejemplo, Matusalén vivió 696 (Gen 5,27), (según el texto masorético y de los LXX; porque en el Pentateuco samaritano se le dan 720). ¿Quiere eso decir que sus días sumaron matemáticamente 353.685? ¡No! Lo más lógico es interpretar esa cifra pensando que un personaje de su importancia haya sido bendecido por Dios con una larga vida (un concepto muy frecuente en el Antiguo Testamento), sin precisar más.

En este sentido es curioso el esfuerzo que hacen los santos padres por llegar a conclusiones válidas para lo que predican. Y en general lo consiguen siempre. Pero naturalmente no con una interpretación matemática, sino acomodaticia. Por ejemplo, S. Agustín se preguntará qué quieren significar las diez cuerdas del arpa de David. Y encontrará una respuesta muy valiosa en los diez mandamientos. Sólo cuando tocamos armoniosamente todos ellos, no desafinará la música de nuestra vida espiritual.

Esto puede decirse de un montón citas numéricas del Antiguo Testamento. Habrá que examinar cada una de ellas. En el Nuevo Testamento es menos frecuente este valor simbólico, pero no se le puede perder de vista. Por ejemplo, algunos llegan a decir que los cuarenta días de Jesús en el desierto es una especie de repetición simbólica de esa cifra en otras ocasiones, como los cuarenta que Elías vivió en el desierto con la comida servida por el ángel (I Re. 19,8), los cuarenta años en el desierto (Ex. 16,35)...

 

 

 
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