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 Segundo mandmto.                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ Según los protestantes el segundo mandamiento es: No harás figura ni imagen alguna de de lo que hay en lo alto de los cielos ni de lo que hay abajo sobre la tierra (Ex. 20,4). Los católicos lo hemos quitado para justificar el uso de las imágenes en los templos. ¿Por qué quitó este mandamiento la Iglesia? ¿Qué hay de cierto en todo esto? Héctor López

R/ Una de las enseñanzas en que me ejercité durante mucho tiempo, a niños de 11 a 12 años, era la llamada “lectura comprensiva o lógica”; que tenía, en la otra cara de la moneda la redacción: había que enseñarles a distinguir bien un tema de otro, a través de párrafos completos, bien diferenciados, y los matices o frases gramaticales, que se refieren al mismo tema y que pertenecen al mismo párrafo. Dicho de otro modo: había que enseñarles a distinguir un “punto y seguido”, que no rompía el párrafo, de un “punto y a parte”, que iniciaba otro nuevo, tanto en la lectura como en la escritura. Entiendo que estos principios tan elementales de la escuela no podemos olvidarlos, al leer el texto sagrado, sin ofender lo humano y lo divino que en él se encuentra. Los protestantes y, sobre todo a los adventistas, no lo saben ni les interesa saber todo esto. 

El capítulo 20 del Éxodo, después de una presentación de Yahvé como único Dios, comienza el primer precepto con el versículo 3: “No tendrás otro Dios fuera de mí…” Lo que sigue, no es más que abundar en este tema del Dios único. Lo de las imágenes de otros dioses no es la otra cara de la misma moneda; es la misma moneda con la misma cara: “Si Yo soy el Dios único, todos los demás te sobran”. Por eso la Traducción de Nácar-Colunga pone todos esos versículos (3, 4, 5 y 6) dentro del mismo párrafo, porque se trata del mismo tema; cosa que no hacen ni la Biblia hispanoamericana ni la de Jerusalén, por ejemplo. Cuando llegamos al versículo 7 entramos en otro tema: el nombre de Dios. Del v. 8 hasta el 11 nos habla del día del Señor. El v. 13 contempla con dos palabras un solo párrafo: No matarás. Es decir: cada uno de los 8 primeros mandamientos tiene un párrafo a su disposición, largo o corto, según conviene al tema presentado o a la redacción que quiso hacer el autor del Éxodo.

Por lo tanto, la Iglesia no ha quitado nada de la Biblia cuando ha resumido los 17 versículos del c. 20 del Éxodo, en diez frases sencillas: el decálogo.

Es cierto que el v. 17 prohíbe ambicionar lo que no es de uno y habla de varias cosas en un solo párrafo. Pero aquí volvemos a lo de “lectura lógica”. No se puede meter en un mismo saco a la mujer y al burro del vecino, sin denigrar a ambos. Es cierto que la mujer era en aquellas culturas una posesión más del patriarca. Pero indudablemente la Iglesia ha querido siempre distinguir esas dos propiedades, porque, quebrantando la primera, nos oponemos a una virtud muy concreta: la castidad; y con lo demás de lo citado en ese versículo (el burro, el buey, los esclavos…), a la justicia. Por eso ha subdividido ese versículo en otros dos mandamientos: a) “no desear la mujer de tu prójimo”, (pero, no vamos a pensar que solo vale para los varones y no para las mujeres), y b) “no codiciarás los bienes ajenos”. Hemos superado ya lo de la esclavitud.

 

 
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