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 Días Creación                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

P/ Los seis días del primer capítulo del Génesis ¿son días de 24 horas como si fuesen medidos por los relojes actuales, o hay que interpretarlos de otro modo? Gilberto Hernández  

R/ Curiosamente hace unas semanas cayó en mis manos una revista adventista que dice expresamente: “Los días de la creación fueron periodos literales de veinticuatro horas. La expresión tarde y mañana especifica días individuales”. Y añade siete citas del Génesis y Levítico para aparentar cultura bíblica.

A mí este tipo de cultura me sabe a una patada en el cerebelo. ¿Cómo se puede decir eso, si los días y las noches se miden por la luz del sol y sólo es el día cuarto cuando se le crea a él, a la luna y a las estrellas? Es enfundarse en un culturalismo pelagiano para poder llamar imbéciles desde él a los que les escuchan; o a Dios mismo que “no se dio cuenta de ese disparate”, cuando inspiró al autor del Génesis. Lo triste es que hay escuchadores sumisos… A mí esto me asusta en demasía; porque es como si para leer la Biblia tuviésemos que convertirnos asnos brutos y renunciar a ser el objeto de la Creación de Dios a su imagen, por una inteligencia y una voluntad superiores…  

León XIII en su encíclica “Providentissimus Deus” dice con toda claridad que “la Biblia no es un manual de ciencias físicas, ni matemáticas, ni históricas”, sobre todo aplicando este último término a los tres primeros capítulos del Génesis. Y la razón no puede ser más elemental: la Biblia no se ha escrito para eso, sino para transmitir un mensaje de salvación. Se preocupa de la verdad religiosa, no de la verdad científica o histórica, aunque tenga observaciones que las suponen.

Pero no hay que esperar a finales del siglo XIX. Ya en el siglo IV S. Agustín dice que esos días no pueden ser los actuales, sino lo que hoy llamaríamos eras geológicas, que no tienen por qué acoplarse al esquema bíblico.

 En realidad esos 3 primeros capítulos del Génesis son un poema didáctico (que los judíos aprendieran bien la lección) para transmitir una decisión divina y un precepto: “De cada seis días para el sustento personal o familiar hay que sacar un séptimo para Dios”. Los judíos comenzaban a conocer la semana, en contacto con el mundo egipcio, y le dan un sentido sobrenatural de ese modo. Ahí está la inspiración divina, en hacer comprender, desde ese conocimiento humano, que Dios se reserva un lugar periódico en la vida personal y pública del pueblo que ha elegido.

Llamarlo sábado (“sabat” en hebreo significa descanso) es otra. ¡Dios no necesitaba descansar n’a! El relato bíblico no es histórico, sino parabólico. (En las parábolas de Jesús, por ejemplo, no interesa si hubo un padre con dos hijos; interesa comprender la tontez del menor, la soberbia del mayor y la indulgencia del Padre, y aplicarse el cuento). Aquí no interesa el descanso de Dios, sino la sumisión regularmente debida del hombre a Dios. Absolutizar, pues, la palabra “sábado” (descanso) para, desde ella, condenarnos a los católicos por haber elegido el Domingo, como el día del Señor, es otra de las bobadas de los adventistas. Puedo entender a los judíos; a ellos, no.

Además, ¿por qué los judíos eligieron para ese supuesto descanso de Dios, el día de Saturno (Saturday) y no el de Marte (martes), o el de Veneris (viernes), o el de Mercurio (miércoles), o el de Jovis (jueves)? 

 
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