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 Enfermo en iglesia                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ ¿Cuál es el papel del enfermo mental en la Iglesia? ¿Podemos entrar en alguna Congregación Religiosa? Aida M. Santos Isaac, Santurce.

            R/ Admiro la valentía de tu pregunta. Normalmente a nadie nos asusta decir que hemos tenido que ir al traumatólogo, o al dentista, o al otorrino... Pero es muy frecuente acobardarnos o no querer reconocer que tenemos que ir al sicólogo o siquiatra, lo cual quita las posibilidades de controlar algo que nos hace un daño mucho más sutil que el de cualquiera otra enfermedad. Ojalá seas un ejemplo para muchos otros enfermos mentales.

            Cuando las sociedades modernas se han montado con todo lujo de escuelas, hospitales, manicomios o asilos, a base de los impuestos exigidos a los ciudadanos, la Iglesia Católica ya se había hecho vieja con instituciones de ese tipo. Y eso que no contaba más que con la buena voluntad de algunos cristianos generosos y la de esas personas consagradas dentro de alguna Orden Religiosa a la atención de los allí acogidos. Los pobres, los ancianos, los enfermos, también los mentales, han sido desde siempre una de las preocupaciones más profundas de la Iglesia. La cruz que llevan les acerca de un modo especial a Dios.

            Y cuando por falta de vocaciones o porque las leyes de los estados han ido arrinconando a los religiosos de esos centros y han tenido que dejarlos en otras manos, ha sido demasiado frecuente el descenso de atención y de dedicación a los mismos. En cuántas ocasiones se ha oído decir: “Desde que se fueron las monjitas... eso ya no es lo mismo...” Y no quiero decir con esto que todos los religiosos son buenos y todos los seglares son malos. ¡Líbreme Dios de semejante tontería! Pero, como dice el refrán: “Agua lleva el río cuando ruge”.

            En cuanto a la otra pregunta, todo va a depender de las estatutos de cada Congregación Religiosa. Aunque es verdad que, como norma para todas ellas, el Código de Derecho Canónico, en el canon 642, dice: “Con vigilante cuidado los Superiores admitirán tan sólo a aquellos que, además de la edad necesaria, tengan salud, carácter adecuado y cualidades suficientes de madurez para abrazar la vida propia del instituto; esas cualidades han de probarse, si es necesario, con la colaboración de peritos, cuidando de no caer en difamación”.

            El grado de salud exigido dependerá de los fines y trabajos de cada Congregación Religiosa. Pero el certificado médico se exige siempre. Y no es precisamente por proteger a la Congregación, ni por menospreciar al candidato enfermo, sino porque la Vida Religiosa exige sacrificios a veces heroicos y no se puede sobrecargar con ellos a personas que ya están cargadas de una enfermedad, tanto síquica como somática.      

 

 
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