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 Matrimonio homo.                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ Ante todos estos matrimonios de homosexuales de  Estados Unidos, ¿Cómo se puede pronunciar un católico? Iris Feliciano, Quebradillas

            R/ ¡Un católico o uno que simplemente tenga dos dedos de frente...! ¡Eso no hay por dónde cogerlo!

            Por supuesto, dentro de la doctrina de la Iglesia Católica, heredada de Jesús, el matrimonio tiene un contenido muy concreto, que, además no se aparta de lo que es tradicional en la historia de la humanidad: un hombre y una mujer juntan sus vidas para hacer otras vidas, protegerlas, alimentarlas, educarlas… Se contempla ese contrato humano entre un hombre y una mujer como un Sacramento, es decir, con el respaldo de Dios (gracia sacramental) para lo que en él se quiere hacer: utilizar el amor, que Dios ha sembrado en el corazón de un hombre y una mujer, para la conservación de su especie y la mutua ayuda. La Iglesia seguirá manteniendo en vigor la frase de Jesús: “Lo que Dios unió (hombre y mujer; lo otro no lo ha hecho Dios) que no lo separe el hombre”.

Pero prefiero hablar de este tema desde mi perspectiva de profesor de lengua y hacer honor al diccionario de la Real Academia Española, en la que están representadas todas las naciones de habla hispana: “Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales”. El matrimonio de homosexuales, es por tanto un insulto al diccionario de cualquier lengua o cultura; porque me imagino que así estará contemplado en todos los diccionarios de todas las lenguas y en todas las legislaciones del mundo civilizado.

Y no podía ser menos: Matrimonio viene del latín: “Matris munus”, “el oficio de la madre”. Es decir, esa situación (ritual o legal) en la que una mujer puede llegar a concebir, gestar, parir y alimentar a su hijo, respaldada por todos los ritos y legalidades al uso. Y concebir de su marido, que luego tendrá que hacerse cargo de la educación del hijo. Porque si no, nos metemos en el terreno más bajo del mundo animal y negaremos a nuestros hijos humanos lo que tienen tan bien llevado los hijos de algunos animales.

Un hijo humano, al nacer, tiene derecho a padre y madre estables. Lo contrario es hacerle una terrible canallada.

Es cierto que hoy todas las legislaciones de mundo admiten el derecho de asociación. Y no lo es menos que algunos postulados de esas asociaciones pueden coincidir con los del matrimonio; por ejemplo, al hacer la declaración de la renta en conjunto o participar en el pago de impuestos y beneficios de la seguridad social. Y, si esas asociaciones son de homosexuales, que exijan lo que quieran. Pero, por favor, que lo llamen por su nombre. Y, si no lo tienen, que se lo inventen. Pero, que no roben al diccionario una palabra que no les viene bien, porque histórica y culturalmente tiene ya un contenido marcado.

“Matrimonio” y “homosexual” son dos palabras que se contraponen. No pueden formar un buen “matrimonio gramatical”. 

 

 
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