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 Revelación y Canonización                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ Si la Revelación quedó cerrada tras la muerte del último apóstol, la Iglesia solamente puede declarar, como dogmas, materias que se encuentren en la Sagrada Escritura o en la Tradición Apostólica. ¿Cómo hay que considerar la Canonización, puesto que no se le puede llamar dogma de fe? Rafael A. Roig, Mayagüez.

 

            R/ Bueno, tengo que hacerte algunas observaciones: a) Cristo es la Palabra del Padre, el Verbo Encarnado; por él llega a nosotros la Revelación de Dios. Los apóstoles la reciben y la retransmiten en la medida que pueden: no tenían ni radio, ni televisión. De esa manera ejercen el llamado Magisterio de la Iglesia. Y lo ejercen con la predicación. En determinadas circunstancias (Éfeso, Corinto, Tesalónica...) ponen por escrito algunas observaciones. Pero esos 27 libros de la Biblia no agotan toda la predicación de los apóstoles. La Iglesia sigue ejerciendo su Magisterio de tal modo que los escritos que surgen de los sucesores, que los han oído de primeras o de segundas (los que oyen a los que les oyeron), se consideran también válidos. Se les llama Padres de la Iglesia: S. Clemente, S. Cirilo, S. Atanasio... Y la Revelación (La Tradición Apostólica es como su segunda parte) no se considera cerrada mientras estos “Padres” viven. Algunos dicen que S. Agustín (354-430) es el último que cierra ese periodo con broche de oro; es citado él solo más que todos los demás juntos en el Catecismo de la Iglesia Católica.

            La Revelación, por tanto, no se cierra a la muerte de los apóstoles, sino tres o cuatro siglos más tarde.

            b) La Palabra “Dogma” lleva normalmente como apellido “de fe”: La presencia real de Cristo en la Eucaristía, la capacidad de perdonar los pecados por el sacramento de la Penitencia, la Divinidad del Jesucristo... o los dogmas marianos: la Inmaculada, la Asunción... ( Es curioso saber que, cuando S. Agustín está explicando y demostrando la universalidad del pecado, se pregunta si María también lo cometió. Y él mismo se responde: “En cuanto a María, por la cercanía que tuvo con Jesús, no quiero hacer cuestión”. En sus palabras está ya lo que luego se declararía como dogma de la Inmaculada en 1854). Negar un dogma, por tanto, es negar la fe.

            c) La Canonización sería la constatación de un hecho histórico: la salvación de un cristiano que ha vivido en este mundo conforme al Evangelio. En realidad, cuando celebramos el día 1 de noviembre la fiesta de Todos los Santos, es porque tenemos la convicción de que hay muchos, muchísimos en el cielo sin haber sido canonizados. Eso entra dentro del Magisterio Ordinario de la Iglesia, que implica su infalibilidad, aunque no implique la obligatoriedad cultual. Es decir, si, por ejemplo, yo me niego a tener devoción a J. Mª. Escribá, por citar el último canonizado, nadie va a argüirme. Pero si manifiesto que el Papa se ha equivocado al canonizarle y que no está el cielo, sí. Porque eso supondría negar la asistencia del Espíritu Santo a su Iglesia, en este caso a su representante principal, el Papa. Por el contrario, nadie puede condenar a los devotos de ese nuevo canonizado.

 

 
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