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 Obelisco Romano                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ ¿Qué representa o  cuál es el propósito de conservar y aún colocar en un lugar preeminente (plaza de S. Pedro) el obelisco que Calígula (34-41 pC.) transportó desde Heliópolis, nombre griego, hasta la colina del Vaticano, cuando la Biblia dice: “Además quebrarán las estatuas de Bet-Semes” (Jr.43,13), que es en tierra de Egipto? Roberto J. Otero Rivera, Ciales.

            R/ ¡Afortunadamente el papa Sixto V (1585-1590) no era talibán! De haberlo sido hubiese destruido ese obelisco, como lo hicieron éstos con las estatuas del Buda milenario, dinamitado hace unos meses en Afganistán. Él, sin embargo quiso embellecer la plaza de S. Pedro y para ello terminó la cúpula del Vaticano e instaló el obelisco en un lugar geométricamente perfecto para la armonía de esa plaza, que sigue siendo hoy, después de cinco siglos, la admiración de muchísimas personas. Y, ¿no me dirás que la Biblia condena la admiración de la belleza?

            Por cierto, se cuenta una anécdota (¿cuento o crónica?) en torno a esa instalación. El caos de cuerdas y andamiaje era tal, que el mismo papa tuvo que venir a la plaza e imponer silencio bajo pena de Excomunión, para que se oyese la voz del ingeniero. En la operación un obrero vio que se rompía una cuerda y que podía causar víctimas. Gritó. Se le consideró y todo terminó felizmente. Naturalmente, el papa tuvo que levantarle la Excomunión.

            Recurrir a la Biblia para contravenir una cosa tan elemental como la belleza (en este caso la arquitectónica) al servicio del Dios Altísimo es, cuando menos, hacerle decir a la Biblia lo que la Biblia no dice; y eso sí que es una profanación de la Palabra de Dios.

            Además: ¿Qué tendría que ver si Heliópolis fuese una palabra griega, para que Calígula trajese desde allí el obelisco; y si Bet-Semes fuese egipcio, para decir que todo lo egipcio debe ser destruido por imperativo bíblico? Es preciso aclarar que Heliópolis es una palabra griega que significa “ciudad-sol”, pero es el nombre de una ciudad egipcia; mientras que Bet-Semes es una palabra hebrea que significa “casa del sol” y es el nombre de una ciudad cananea de la tierra prometida a los israelitas,  localizada a unos kilómetros al oeste de Jerusalén, no en Egipto.

            Por otra parte, es preciso aclarar también que los obeliscos eran, más que un monumento religioso, un punto geográfico o histórico. Las inscripciones que en ellos se encuentran tienen más de crónicas épicas, que de normas religiosas; a no ser que esos episodios narrados impliquen la supuesta protección de los dioses. En todo caso, ¿qué tenían que hacer los dioses egipcios, abandonados ya en su culto desde hacía unos cuantos siglos, para que Sixto V emplee el obelisco (que había perdido toda capacidad mítica o religiosa), como elemento decorativo? De ser como supone tu pregunta, habría que seguir los métodos talibanes a cualquier clase de biblioteca, museo, o colección de reliquias históricas. Y eso tampoco lo dice la Biblia.

            De Jeremías a Sixto V hay casi 2.250 años de distancia. Suponer que el primero dé normas de actuación al segundo, aunque sea en servicio del mismo Dios, es una fantasía.

 

 
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