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 Masones                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ Hay masones que dicen ser católicos y comulgan. Yo tenía entendido que estaban excomulgados. ¿Pueden en ese caso comulgar y seguir predicando la masonería? Santiago Soto Ramos. Ciales.

             R/ Sobre este tema ya hubo otra respuesta recogida en mi libro: “¿Cuál es su duda?” (Aún me quedan algunos ejemplares). A ella me remito para lo esencial.

            Algunos ponen los orígenes de la masonería en el antiguo Egipto. Pero el nombre lo recibe en Francia, en el siglo IX, una especie de de gremio o sindicato de albañiles, que guardaban con mucho espero el secreto de sus técnicas de construcción. Había obreros manuales y expertos o ingenieros. Éstos eran los maestros (maçons) iniciados o liberados (franc); de ahí “francmasonería”. En el S. XII pasa a Inglaterra (freemasons) y luego se extiende por toda Europa y América.

            En el momento de la construcción de las catedrales góticas, ejercen una influencia muy marcada y forman una hermandad religiosa, en la que se invoca como patrón a S. Juan Bautista. Desde sus conocimientos técnicos, al servicio de plasmaciones de escenas bíblicas en los frisos de las catedrales, se atreven a discutir con obispos y abades en temas también teológicos. Por lo que, en un momento dado, llegan a existir logias que se proponen quitar de en medio a la Iglesia Católica, cuyos jerarcas no aceptan su ideas.

            El desarrollo de los siglos siguientes hasta hoy es tan complejo y tan variado que no es fácil tomar una postura unívoca, aplicable por igual a todas las logias y a todas las personas. Hay logias que se han mantenido, en su afán mistérico, en creerse dueños de toda la doctrina de la salvación, a partir de su igualdad entre ellos, el método simbólico, la observación del secreto según las categorías de aprendiz, compañero y maestro… Otras han seguido una postura más sumisa y ortodoxa dentro del seno católico. Hoy es difícil pronunciarse de un modo absoluto y definitivo sobre ellos.

            Habrá que observar, por ejemplo, si van todos los domingos a Misa, si mantienen relación con el párroco o sacerdotes, si admiten el sacramento de la Confesión… Eso sería reconocer que hay otra posibilidad de secreto más valioso que el suyo: el sigilo sacramental.

            De no darse algo de esto, habría que tener en cuenta el Canon 1347 del Código de Derecho Canónico: “Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia, debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación ha de ser castigado con entredicho” (no puede participar en los sacramentos).

 
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