Home Up  

 Padre o pastor                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ En el Evangelio de S. Mateo (23, 9) se lee: “No llaméis a nadie padre porque uno es vuestro Padre que está en los cielos”. ¿Cómo es que los católicos usamos esa palabra para los sacerdotes? ¿No es una ofensa a ese texto evangélico? Minita Ghigliotty.

 

R/ Como en otras ocasiones he indicado, no hay que aislar una frase del contexto, si no queremos interpretarla mal. En el versículo 2 Jesús se enfrenta con aquellos que han usurpado la cátedra de Moisés; ponen cargas sobre los hombros de los demás, pero ellos se liberan descaradamente (v. 4); todo lo hacen para ser vistos por los hombres (v. 5); gustan los primeros puestos de las asambleas (v. 6); les gusta que les saluden en las plazas y les llamen “rabí” (v. 7)… Cuando llega el v. 9 es normal que aconseje no usar las palabras padre, ni maestro, ni doctor; si eso supone menospreciar a Dios.

Por tanto, si el llamarse “padre” implicase todo esto, estaríamos quebrantando el espíritu evangélico. ¿No te parece que es eso lo que pretenden ciertos pastores, maestros, apóstoles, evangelistas, reverendos…, sobre todo cuando afirman que, por serlo, merecen todos los honores de sus feligreses: poseer el mejor carro, la mejor casa, el traje más elegante, el reloj más moderno, la mujer más bonita…? Ellos sí que suplantan a Dios con esas posturas.

La palabra “padre” tiene otras connotaciones muy diferentes de las que dejan ver esos versículos de S. Mateo. Procede del ambiente monacal de la edad media. En los monasterios había hombres letrados (clérigos) que se dedicaban al saber (no hay que olvidar que la cultura de Europa dependió durante todos esos siglos de los monasterios); había otros (legos) que se afanaban en trabajos manuales (huerta, carpintería, albañilería, escultura…). Los primeros eran sacerdotes, se dedicaban también al culto y a la predicación, y se les llamaba “padres”. Los segundos no tenían órdenes sagradas; eran laicos y se les llamaba “hermanos” (fratres, fray). Unos y otros se dedicaban a la oración y al culto divino, según su condición y no precisamente a lo que se describe en los primeros versos del capítulo 23 de S. Mateo.

Lo que pasa es que en la evangelización de América los protagonistas fueron estos  sacerdotes del clero regular o monacal. Y aquí se habituó la gente sencilla de tal modo a llamarlos “padres”, que cuando surge con las diócesis el clero secular, es decir esos sacerdotes que dependen directamente del Obispo y no están adscritos a ninguna Orden Monástica, la gente no hace distinciones y sigue llamándoles a todos “padres”. En España a estos sacerdotes se les denomina “Don”. Don Fulano es un sacerdote diocesano o secular; Padre Fulano es un sacerdote regular (está sometido a la Regla de una Orden o Congregación Religiosa).

Como ves, acusarnos a los católicos de malversación de fondos evangélicos por esta cuestión, es una extrapolación bíblica y, tal vez, la envidia de cualquier secta protestante o modernista que quiere ocultar que llegan a América y encuentran ya el cristianismo con la mesa puesta. Y lo único que hacen es añadir alimentos enlatados en doctrinas malolientes.

Para otros temas próximos a éste, http://sududa.tripod.com sección Historia o Teología

                                                P. Isaías Revilla, OSA

 

 
Para dudas ó comentarios diríjase a:  frirevilla@hotmail.com
Copyright © 2003 Padre Isaías
Última Acualización: 04/04/05 05:39:16 PM -0400 IMRF