Home Up  

 Antipapa                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

P/ ¿Qué quiere decir la palabra antipapa? ¿Se puede decir que tenga un contenido histórico? Alfredo Cortés Ayala.

 

P/ Al más ignorante no se le oculta que etimológicamente “anti-” es un prefijo griego que significa “contra”. Por tanto, antipapa es aquella persona que, de cualquier manera, se opone a la persona o, sobre todo, a la función del Papa, desde el que desprecia sus observaciones sobre el aborto, hasta el que se olvida de sus consejos de pasar un rato todos los días ante el Santísimo.

Por supuesto, a aquellos que han insultado al Papa, le han atacado personalmente (Alí Acka) o han aprovechado sus viajes a alguno de los países del mundo que ha visitado y lo han hecho también ellos, para querer demostrar que ellos son los buenos y el Papa el Anticristo, les cae al pelo de una manera especial. Eso fue lo que hizo Yiye Ávila en el viaje a Santo Domingo, o aquel sacerdote lefebriano que intentó herirle en Portugal.

Pero en lo histórico, cuando se habla de antipapa estamos pensando en aquellos momentos, tristemente célebres en la Historia de la Iglesia, en que, a la hora de la elección del papa, se presentaban dos o más candidatos y uno o dos de ellos no supieron retirarse a tiempo; con lo cual se producía el hecho de tener un papa supuestamente legítimo y otro (s) que recibía ese nombre: “antipapa”, y que, por tanto, no figura en la lista oficial de los papas.     

Por ejemplo, en el cónclave para elegir al sucesor de Honorio II, en 1130, los cardenales estaban divididos en dos facciones, seguidoras de sendas familias: los Pierleoni y los Frangipani. Éstos eligieron al cardenal Papareschi, que tomó el nombre de Inocencio II. Los Pierleoni se sintieron defraudados y eligieron a Pedro Pierleoni, que tomó el nombre de Anacleto II. Por intrigas políticas, Inocencio II tuvo que salir de Roma y establecerse en Pisa. El artífice de la solución fue S. Bernardo, abad cisterciense, fogoso y virtuoso, que tomó enseguida partido por Inocencio II. La solución definitiva vendría cuando, a la muerte de Anacleto II (1138) y después de la elección, por parte de sus seguidores, de Victor IV, éste reconociese muy pronto la legitimidad de Inocencio II. En esta ocasión hubo, como ves, dos antipapas.

            Fueron cuatro o cinco puntos negros en la Historia de la Iglesia. Pero en ellos se palpó con precisión cómo el Espíritu Santo ha estado siempre con ella, porque en sí misma ha tenido los recursos, para resolver el problema favorablemente a los intereses de las almas. “Las puertas del infierno no prevalecerán…” (Mt.16,18).

 
Para dudas ó comentarios diríjase a:  frirevilla@hotmail.com
Copyright © 2003 Padre Isaías
Última Acualización: 04/04/05 05:39:16 PM -0400 IMRF