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 Smo. Sacramento                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

¿Cómo adorarlo?

 

            P/ ¿Puede la Iglesia prohibir a sus fieles que adoren al Señor como les dicte su corazón? ¿Cómo saber si lo que se hace es exhibicionismo? ¿No es esto “juzgar”? Anónimo.

            R/ La pregunta surge en torno a una nota de un Boletín Parroquial. En esta ocasión el anónimo es solicitado por el firmante; por eso, tampoco quiero dar el nombre de la Parroquia.

            En esa nota se habla de cómo debe recibirse la Comunión. Se explican dos formas: en la boca y en la mano. El comulgante se acerca al ministro sin genuflexiones, saluditos o gestos inconvenientes; se coloca a una distancia oportuna, abre la boca adecuadamente para que se le pueda depositar la Sagrada Forma en la lengua sin peligro de se caiga y se retira a su sitio con devoción. Si la recibe en la mano (más higiénico y, por tanto, más recomendable) debe presentar las dos manos, la izquierda sobre la derecha, luego tomar la Sagrada Forma con la derecha y comerla “delante del ministro”; es decir, de cara a él. Al retirarse no es preciso hacer ninguna genuflexión ni otro gesto religioso, como santiguarse o inclinarse ante nada ni nadie. En ese momento Vd. es el Sagrario, templo vivo de Dios.

            Lo que provoca la pregunta es el párrafo siguiente, que habla del culto al Santísimo reservado en el Sagrario. Copio al pie de la letra: “Al llegar al templo o a la capilla no es necesario postrarse en el suelo o subir al altar o arrodillarse frente al altar, levantando las manos y/o postrándose. Éstos son gestos innecesarios que se salen de lo establecido y rayan en el exhibicionismo. Adoremos al Señor en Espíritu y en verdad”.    

            Dice un adagio latino: “De internis nec Eclesia” (Nadie juzgue el interior, ni la Iglesia). Pero es que en esta ocasión no se juzga lo interior, sino lo exterior. Y ahí sí que tiene algo que decir la Liturgia, que en el fondo es la cortesía con Dios, como se ha dicho en esta misma columna. Y desde luego, todos esos gestos dan pie a cualquiera para juzgar. Por eso a la última pregunta te diría: “Si no quieres que te juzguen, no des motivos”. “Entra en lo privado y Dios que ve en lo privado te recompensará” (Mt. 6,6). Recuerda aquel fariseo (Lc. 18,10), exhibiendo su oración, y aquel publicano, escondiendo detrás de la columna su pecado. Éste salió justificado; aquél, no.

            El saludo litúrgico al Santísimo reservado en el Sagrario es la Genuflexión (tocando con la rodilla derecha en el suelo) y el sitio de hacerla es de frente al Sagrario y en la distancia desde la que uno decida ocupar su puesto en el templo.

 

 
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