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 Saludo de paz                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ ¿Cómo debe ser el saludo de la paz dentro de la Misa, de una manera ritual o de una manera más afectiva? ¿Se puede salir de su sitio para recorrer todo el templo visitando a los amiguitos o amiguitas? Laura Rivera

            R/ Pues creo que ya tú misma apuntas la respuesta. Estamos dentro de un rito, el más solemne de nuestra liturgia, al servicio del “Sacramento de nuestra Fe”. Por lo tanto debe ser ritual, respetuoso y elegante, pero con la elegancia que puede demostrarse en la presencia del Dios, que se ha hecho presente en el altar por las palabras del Sacerdote.

Dicho esto, así de un modo genérico, es natural pensar en situaciones particulares. La primera podía ser la Histórica.  Cuando en las cartas de san Pablo o la 1ª de S. Pedro (5,14) se dice: “Saludaos mutuamente con el ósculo santo”, no está hablando de un mero gesto desprovisto de toda afectividad, como puede ser el saludo de un embajador en el país que ejerce su función. Se pide que sea un beso, no un choque de mano, y que sea santo. Y es que en realidad es el gesto externo de la caridad, del amor fraterno, entre los que están participando del Sacrificio de Cristo.

Aquí puede haber dos extremos; desde el esposo que, fiel a lo “ritual”, da un mero apretón de manos a su esposa, hasta el noviecito que aprovecha ese momento para hacer lo que haría en una discoteca.

En el primer caso es normal que sea uno de los momentos más bonitos para decirse que se quieren, puesto que sería como prolongar lo que se prometieron el día de la boda, también delante de Dios. A nadie le va llamar la atención que se den un beso en la mejilla (en España se darían dos) o incluso, de una manera prudente, en los labios. Otros gestos más efusivos deben quedar para otro lugar y otro momento…

En el otro caso… no sería santo, y, por tanto, reprobable en cualquier circunstancia, mucho más en esa ceremonia.

Y luego habrá que tener en cuenta un poco las costumbres de los lugares: dar la mano a un niño, aunque sea en la Iglesia, no pega; es más espontáneo un beso… Negar el saludo al que está a lado porque es de un partido político diferente es una agresión a la caridad fraterna. Entre ambos extremos puede haber un sinfín de circunstancias. Lo interesante es que quede en pie el amor a Dios y al Prójimo, a través de ese gesto.

Lo de moverse por el templo es claramente opuesto a las normas de la Institución General del Misal Romano, que dice expresamente que se tenga ese gesto de la paz con los que estén al lado. Lo contrario sería motivo para un pequeño caos en la casa de Dios. También aquí puede haber excepciones; por ejemplo, no tendría nada de particular que se permitiera a los niños el día de su Primera Comunión ir a dar ese saludo de la paz a sus papás y familiares.  

 

 
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