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 Comulgar en mano                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ Siempre recibo la Comunión en la boca. Pero hay un sacerdote que aconseja recibirla en la mano, para que no haya contaminación. Yo tengo fe en el Señor por excelencia, el Cirujano de los cirujanos. Si los demonios salen con sólo su presencia, los enfermos sanan y los pecadores se convierten con Jesús en la Eucaristía, ¿cómo puedo tener miedo a la contaminación? Les amo con el amor de Jesús y María. Anónimo.

            R/ No me gustan los anónimos. Entre otras cosas, porque puedo dar la sensación de que soy yo quien me invento la pregunta. Pero, tampoco esta señora quiso poner su nombre.

Mientras no cambien las cosas, la disposición litúrgica sobre el modo de comulgar, consecuente a la reforma posterior al Concilio Vaticano II, ha querido establecer una cierta libertad, la libertad de los hijos de Dios, para que cada uno pueda acercarse a recibir el Cuerpo de Cristo dentro de varias posibilidades. Puede recibirse de pie o de rodillas. Eso va a depender de la costumbre del lugar. Si todo el mundo se acerca en fila, el ponerse de rodillas va suponer un pequeño atascamiento en el fluir de la fila. Y eso no es bueno, es un desorden; y, según un refrán: “El orden lleva a Dios y el desorden…” No sé si todavía quedan lugares donde los fieles van arrodillándose en el comulgatorio y el sacerdote se mueve de izquierda a derecha para repartir la Comunión. Otro refrán: “Donde quiera que fueres, haz lo que vieres”.

Una vez allí, puede recibirse la Comunión en la boca o en la mano. Si se ha de recibir en la boca, el comulgante se acerca al ministro sin genuflexiones, saluditos o gestos inconvenientes; se coloca a una distancia oportuna, abre la boca adecuadamente para que se le pueda depositar la Sagrada Forma en la lengua, sin peligro de que se caiga (¡ojo de no tocar con la lengua la mano del ministro!) y se retira a su sitio con devoción. Si va a recibirla en la mano, debe presentar las dos manos extendidas, la izquierda sobre la derecha; en esa postura, recibirá la Sagrada Forma en la mano izquierda, luego la tomará con la derecha y la comerá “delante del ministro”; es decir, de cara a él. Al retirarse no es preciso hacer ninguna genuflexión ni otro gesto religioso, como santiguarse o inclinarse ante nada ni nadie. En ese momento Vd. es un Sagrario vivo, y templo del Espíritu Santo.

¿Cómo elegir una forma u otra? Ya queda dicho, que está a la elección del comulgante. Yo me imagino que el sacerdote, que ha aconsejado lo segundo es porque tiene la experiencia de que hay algunos tan “devotos”, que ansían tanto recibir…, que dan una especie de sacudida con la boca hacia el sacerdote, lamiéndole sus dedos. Y como no puede limpiarlos en ese momento, puede transmitir esa saliva a otros comulgantes. Eso es a todas luces antihigiénico.

Está bien confiar en el “Cirujano de los cirujanos”. Pero, ¡no conviene darle demasiado trabajo con nuestras imprudencias! No hay ningún inconveniente en que un sacerdote, o cualquier fiel, tenga preferencias por un modo u otro, puesto que la Iglesia ha autorizado los dos; y que así lo aconseje a los demás.

 

 
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