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 Comulgar en la m. 2                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ No estoy de acuerdo con su respuesta de hace unas semanas en recibir la Comunión en la mano. No lo considero adecuado, no por higiene; es que no debemos tocar el cuerpo de Cristo. Es como si una persona que está en pecado comulgara, pues nuestras manos en ese momento están en pecado, es decir sucias: hemos tocado dinero, llaves, periódico… En el Libro “Noli me tángere” el autor denuncia que la autorización de comulgar en la mano ha sido un gran fraude en el corazón de la Iglesia. Gilberto Rodríguez. Ponce.

R/ El recibir la Comunión en la mano fue fruto de la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II, que dejó en manos de las Conferencias Episcopales su puesta en marcha. La española la autorizo en 1976. Y recuerdo los comentarios que se hicieron entonces: era más higiénico, más espontáneo, más práctico… Pero, sobre todo, era recuperar lo que se hacía en la primitiva Iglesia, la de las catacumbas, en que todos recibían el pan consagrado como colofón del ágape. Y lo recibían en la mano; lo de la lengua fue una disciplina que nació en la Edad Media. Entonces no tocaban periódicos, pero sí dinero, llaves y otras muchas cosas más sucias. Y no tenían tantas posibilidades de lavarse como hoy. Si el Papa ha autorizado esta práctica, recuperando aquella de la primera Iglesia, me parece que estás queriendo imponerte a su autoridad, sin que nadie te haya dado esa prerrogativa, como a él se la dio Jesús. No se puede ser “más papistas que le Papa”.

            Decir que las manos están en pecado por sucias, me parece que es confundir radicalmente las cosas. Las manos no cometen nunca pecado, ni cuando roban, ni cuando masturban. El pecado está en una sima mucho más profunda, la de la conciencia. Además, por ese proceder había que decir que la lengua puede estar mucho más sucia que las manos: critica, insulta, blasfema, miente, difama, murmura…, pecados mucho más dañinos que los de las manos. Por tanto, menos se podría comulgar en la lengua.

            Decir que “no podemos tocar el cuerpo de Cristo” es en sí un despropósito. Si Jesús te oyera decir esto, tal vez te lanzaría la misma reprimenda que les dice a los apóstoles, cuando quieren impedir que se le acerquen los niños para acariciarlos y dejarse tocar de ellos: “Si no os hacéis como uno de estos más pequeños…” (Mt. 18,3).

            No he leído el libro que me citas. Pero se me antoja que le cae al dedillo el refrán citado: se está haciendo más papista que el Papa, y ronda el chisme y la murmuración. No hace mucho leí que aún hay gente que piensa que el decir la Misa en la lengua propia del país es otro error, porque desfigura el misterio que se significaba cuando se decía en latín, aunque ya nadie lo entiendiera. Eso era explicable en personas muy mayores, hace 40 años; cuando se comenzó a usar lo que se llamó la legua vernácula. Creo que hoy es, a parte de un error litúrgico y casi teológico, un anacronismo sin sentido. Pues algo parecido hay que decir de tus observaciones.

 

 
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