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 Manos alzadas                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ ¿Cuál es la posición de la Iglesia  con respecto a la nueva tendencia de tomarse de las manos cuando se reza el Padre Nuestro? Si esto es aceptable, ¿qué sentido tiene darnos la paz, justo después de habernos tomado de la mano? José Vargas

             R/ Bueno, una cosa es la costumbre de ciertos lugares y otra lo admitido y regulado en la Liturgia.

            La costumbre de tomarse de la mano al rezar el Padre Nuestro es de ayer y obedece a idiosincrasias muy concretas, por ejemplo, caribeñas. En España no es habitual, ni mucho menos. No está establecido en las normas del Ritual, pero tampoco está condenado por ningún decreto pontificio, al menos que yo sepa. Por eso dice el refrán que “donde quiera que fueres, haz lo que vieres”.

            El gesto de la paz, por el contrario, está contemplado ya en la misma Escritura: “Saludaos unos a otros con el ósculo santo” (Rom. 16,16). Por tanto nada tiene de particular que se observe, desde los primeros tiempos en el momento de la Celebración Eucarística. Así lo atestigua S. Justino en el s. II: “Acabadas las preces, nos saludamos con el ósculo santo” (Apología 1,65).

Luego, a través de los siglos, ha recibido varias modalidades, tanto en cuanto al momento litúrgico, como en la forma de realizarlo. Yo todavía me acuerdo cómo los monaguillos llevábamos el “Portapaz”, después de haberlo besado el sacerdote con la expresión: “Pax tecum”, a la que respondíamos: “Et cum spiritu tuo”, a las personas más cercanas del presbiterio (por ejemplo, el maestro, que solía estar con los niños de la escuela en un lugar próximo).

Por esto en la última redacción de la “Institución General del Misal Romano” se establece expresamente que “las Conferencias Episcopales, restablezcan el modo más conveniente de darse la paz entre los fieles, según las costumbres y el carácter de cada pueblo” (56, b).

Como ves, no hay contradicción entre ese gesto, que lleva un mensaje de paz establecido en la Historia, con ese otro de tomarse de la mano para una oración anterior. En todo caso, si el Obispo constata que con ello se llega a algún tipo de abuso, debe escuchar a los fieles que se lo propongan. Así consta en la nueva carta del Papa sobre los ritos de la Eucaristía, “Redemptionis sacramentum”. En ella se dice que ese gesto de la paz hay que ejercerlo “con los más cercanos”. Por eso se dice también que el sacerdote sólo debe darla habitualmente a los que estén con él en el Presbiterio.

 

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