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 Cine litúrgico                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ Llevo varios decenios fotografiando o filmando Primeras Comuniones. Me divierte captar esos momentos tan infantiles y tan cercanos a Jesús; lo mismo que expresiones sacerdotales en la Consagración o de fieles en la Comunión. Nunca había tenido problemas. Pero el otro día, un párroco me prohibió grabar a los niños. Mi pregunta es, ¿hay alguna nueva orientación en la Iglesia sobre esto? Yo no veo mucho la TV y no sé si ha habido alguna cortapisa en otras retransmisiones. Gracias. T. Agront, S. Juan

             R/ La Iglesia, es cierto que en ocasiones con mucha premura, ha estado siempre  dispuesta a utilizar los medios técnicos para llevar sus menajes a los fieles, como es el caso de la Radio, TV. y ahora Internet. De hecho, antes de inventarse el micrófono inalámbrico, al lado del monaguillo encargado del Misal, de la Mitra o del Báculo, había otro responsable del Micrófono, que sigue existiendo donde no hay ese medio técnico, y a veces aunque lo haya, porque es más seguro; por ejemplo, en las retransmisiones del Papa. Por lo tanto, no hay inconveniente en usar esos medios, siempre que no obstaculicen la ceremonia. Y, que yo sepa, no hay ninguna norma más específica ni cambio alguno concreto. Vea otros casos en http://sududa.tripod.com – sección Liturgia.

Lo que pasa es lo de siempre, que un buen fotógrafo o un buen cámara puede hacer tomas estupendas, tanto mejores cuanto mejor entienda la liturgia. Y en este segundo aspecto hay mucha tela que cortar. No parece el caso tuyo. (Por un error en el fax no he podido leer bien tu nombre). Pero es que en esas ceremonias, de muchos niños, todos quieren ser ellos los que fotografíen a sus hijos, ahijados, sobrinos… Y se arma tal revolú en el altar, que los sacerdotes tenemos que tomar cartas en el asunto de modo inmediato; y a veces no se logra la serenidad oportuna para organizarlo todo o para cortar abusos con la delicadeza necesaria. Es posible que algo de eso ocurriese en este caso.

Por eso, ante la ausencia de normas concretas que yo conozca, acudo a la práctica. Por experiencia, cuando algún fotógrafo desconocido me pide permiso para actuar, yo no le pongo más cortapisa que “no entre en mi terreno”. Si ha de fotografiar una boda que lo haga desde fuera del círculo que se crea entre sacerdote, padrinos y novios. Si se trata de  una Primera Comunión, que respete también el “terreno” del niño. Es precioso ver fotos de niños recibiendo la sagrada Forma con las manos juntas delante del pecho, e ir con la vista baja hacia el asiento, inmersos en las oraciones que los catequistas les han enseñado. Pero es terriblemente grotesco verles con las manos juntas, mirando con ojos de asustado al fotógrafo, que ha interrumpido su acción, para retratar no la devoción del niño, sino los ojos atontados de la distracción.

Lo mismo ocurre en las bodas, cuando el fotógrafo espera a que se termine de realizar la firma para llamar la atención de la novia. Luego la foto refleja no la firma, sino su mirada perdida e irracional.

 
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