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 Acólito                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

P/ ¿Qué significa el término “acólito” y qué funciones tiene en la Iglesia? Alfredo Cortés Ayala.

 

R/ A partir de la paz de Constantino, en el s. IV, la Iglesia sale de las catacumbas y puede organizarse externamente, con todo lo que esto supone para sus expresiones litúrgicas, principalmente. Conceptos, que en un principio eran imprecisos, como epíscopo y presbítero, se habían aclarado muy prontamente y así se ejercían junto con la función de diácono. Pero entonces, (a partir del s. VI, y, con toda seguridad, en el VII en España), las funciones se precisan mucho más y el Sacramento del Orden se establece con unos grados, que suponen distinta capacidad de servir a la Iglesia: son las llamadas Órdenes Mayores (obispo, presbítero o sacerdote, diácono y subdiácono) y la Órdenes Menores (ostiario, lector, exorcista y acólito). Las primeras tenían su actuación en relación con la administración de los sacramentos, sobre todo el de la Eucaristía. Las otras eran otros servicios concretos.

El Ostiario (del latín ostium = puerta) era el portero, encargado de abrir y cerrar el templo, y de que no entrasen en él ni animales ni personas indeseables. Calderón de la Barca, en uno de sus Autos Sacramentales, pone en su boca la respuesta a Arrio, que pretende entrar en el templo después de haber negado la Inmaculada. A la pregunta de éste: “¿Soy acaso un perro?”, él ostiario responde: “!Perrero soy! No es ningún yerro apartar de la Iglesia tan vil perro, que el respeto le pierde y en la pureza no manchada muerde”.

El Lector estaba capacitado para leer los textos sagrados en las asambleas; el Exorcista, como la misma palabra dice, era el encargado de actuar en las posibles posesiones diabólicas (esto luego se deja en manos de sacerdotes aprobados ad casum); y por fin, el Acólito que era el más cercano al altar. Podía presentar el pan y el vino al subdiácono o en su defecto al diácono o al mismo sacerdote, recogerle el manto, moverle el misal, ayudarle a ponerse los ornamentos sagrados, llevar la cruz en las procesiones, llevar el incensario, etc.

Las cuatro, junto con el subdiaconado, de derecho eclesiástico, desaparecieron con la última reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II (Pablo VI, “Ministeria quaedam”). Sólo quedan las tres consideradas de derecho divino: Obispo, Presbítero (sacerdote, cura) y Diácono (Catecismo I. C., 1554 y ss.).

Como ves, estas funciones del acólito son las que hoy realiza el Monaguillo, que, por ser uno de los primeros escalones del Sacramento del Orden, eran siempre muchachos. Pero que, con muy buen criterio, a mi parecer, hoy también se han puesto en manos de monaguillas, que, en general, las desempeñan con toda prestancia.

La función de distribuir la Comunión también estaba reservada al diácono y hoy la ejercen los ministros de la Comunión, tanto hombres, como mujeres. La Iglesia se adapta a las necesidades del momento, lo que se ha llamado los “signos de los tiempos”, para servir mejor a las almas y llevarles el mensaje de Salvación, que Jesús puso en su manos.

 
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