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 Llena de gracia                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ Los hermanos contrarios tienen un buen tema para llenar de improperios a la “Santísima y Pura”, por su Santa Concepción, Única y Especial: esa Santa que siempre estuvo allí, al lado del Hijo de sus entrañas; en felicidad, y en dolor y desespero. Su paciencia y perseverancia la convierten en la Santa Madre, la Virgen María. ¿Por qué no aclaran todo esto en el Visitante? Edmundo Ayala y siete firmas más

             R/ La pregunta está dirigida al Editor del Visitante. El P. Zabala me la remite y yo acepto la sugerencia; pero con el concepto claro de que lo importante no es hablar de Ella, sino QUERERLA, AMARLA, como hizo Jesús... Y eso es lo que pretendemos los católicos.

            En realidad El Visitante ha dedicado muchas páginas a fomentar el culto y devoción de la Virgen María. Desde el espacio de esta columna poco se puede añadir a lo ya dicho. Por eso, en vez de intentar hacer un tratado de Mariología, voy a contar una anécdota. Los que han visto la película: “Marcelino, pan y vino”, la recordarán bien.

            Al ir creciendo entre aquellos frailes que le encontraron abandonado a la puerta del convento y que decidieron afrontar todas las consecuencias de aquel abandono, Marcelino descubre ocasionalmente que ninguno de los frailes que le han cuidado es su mamá y se interesa por ella. Un buen día, en el desván, surge la conversación. Marcelino le pregunta a Jesús:

            - Tú, ¿conociste a tu mamá?

            - ¡Claro!

            - Y ¿la querías mucho?

            - ¡Con todo mi corazón!  

            - Yo quiero ver a mi mamá.

            - La verás cuando estés en el cielo.

            Y se durmió a los pies del enorme crucifijo...

            Los católicos somos esos niños que amamos a la mamá de Jesús, por el simple hecho de que la amó él “con todo su corazón”, durante 30 largos años. ¡Treinta!

            Los “contrarios” nos hablan mucho de Jesús y se preocupan muchísimo de decirnos que sólo él salva..., pero se ocupan muy poco en hacer lo que él hacía, al menos en este aspecto: Amarla. Por tanto no tengo nada que añadir ni quitar a las observaciones que suponen tu pregunta.

            Simplemente quiero hacerte otro par de ellas: Si son contrarios, ¿qué tipo de hermanos son? Y si son hermanos, ¿cómo se pueden apellidar contrarios, precisamente en aquello que los une, que es la madre?

            Por eso yo nunca empleo la expresión “hermanos separados”. Es mucho más  correcto gramatical, filosófica y, por supuesto, religiosamente emplear la palabra “sectas”. En su momento publiqué en el Visitante un artículo aclarando este tema. A él me remito.

 

 
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