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 Los 5 sábados                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ ¿Por qué los distintos nombres de María? ¿Cuántos sábados de mes hay que hacer y en honor de qué Virgen, la del Carmen? Josefina Rivera, Bayamón.

R/ El tema de los nombres de las advocaciones de la Virgen María ya se ha tratado otras veces en el Visitante. Sin ir más lejos en el número 30, de Julio de este año. Efectivamente se trata de diversos títulos, de distintas advocaciones de la misma María, Madre de Jesús. Unas veces es por el lugar geográfico donde ha surgido su devoción: Fátima, Lourdes, Chiquinquirá…, otras, por el sitio u objeto de la aparición: Virgen del Pilar, Virgen de la Encina, del Cobre…, otras por la función que se le atribuye: Consolación, Buen Consejo, Perpetuo Socorro, Auxiliadora…  Pero siempre se trata del mismo personaje. Que no ocurra como en la plaza de Calahorra, en que se encontraron dos señoras y una le dice a la otra:

- ¿Dónde vas?

- A rezar al Carmen, ¿y tú?

- A Santa Rita.

- ¡Qué más da una virgen que otra…!

Las santas tienen cada una su propia personalidad; las advocaciones de la Virgen María, una única: la de la Madre de Jesús y nuestra.

Lo de los cinco primeros sábados de mes surge como consecuencia de las visiones que Sor Lucía tuvo en Fátima, Portugal: “En los cinco primeros sábados de mes les pido que vengan a mi corazón y me entreguen todo lo que les he pedido. Al completar los cinco  sábados, sus almas recibirán gracias como regalo de mi Inmaculado Corazón”.

La práctica supone: a) Confesión, dentro de los ocho días antes de cada sábado; b) Comunión; c) Rezar el Rosario como reparación por los pecados, sobre todo el de la Blasfemia contra Dios o los misterios de Jesús o María: Inmaculada, Virgen, Maternidad divina y espiritual de María; o por no educar a los hijos en el verdadero sentido de la devoción mariana.

Esta devoción, como otras muchas que han surgido en la Historia de la Iglesia, busca la cercanía de Dios de la mano de María. El mero hecho de conectar con la Comunión durante cinco sábados consecutivos ya es un logro. Lo de la Confesión, igual que para ganar las indulgencias, es como un apremio para comulgar bien, porque “quien come indignamente el Cuerpo de Cristo es reo del Cuerpo y de la Sangre de Cristo” (1 Cor. 11,27). Pero, para los que ya se confiesan habitualmente cada mes, este detalle no tendría importancia.

Supone la continuidad de los cinco meses. Y no implica tener que comenzarlos en un mes determinado. Cada uno puede iniciarlos cuando su devoción se lo inspire. Es preciso, eso sí, ser constante y no abandonar a la primera de cambio; porque entonces  la devoción cae por sí misma.

 

 
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