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 La Asunción                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ ¿Por qué, si Jesús nace el 25 de diciembre, el día de año nuevo no es le mismo del día del nacimiento del Jesús? La Virgen María, cuando ascendió al cielo, ¿lo hizo en vida o luego de haber fallecido? Alexis Prado.

            R/ La celebración del nacimiento de Jesús el día 25 tiene una razón histórica, ya explicada en otras ocasiones. Es decir, no hay razón, no hay por qué. Simplemente, ocurrió así; se fijó esa fecha en el s. IV y no ha habido un motivo suficiente en estos 16 siglos largos para cambiarla: Como no se sabía (ni se sabe) qué día nació, se aprovechó otra fiesta civil para celebrarlo, dando un sentido real e histórico a lo que hasta entonces era una mitología: el “Dies natalis solis invicti”.

            También se ha hablado en varias ocasiones de los dogmas Marianos y se ha dicho que, aunque no se encuentren textualmente en la Biblia (Inmaculada, Asunción), forman parte del acervo de la Revelación de Jesús a la Iglesia, que en un momento dado ha tenido que expresarlos por lo que se llaman “Declaraciones Dogmáticas”. La Asunción no fue contravenida por ninguno de los autores cristianos anteriores al s. IV, cuando nacen los primeros testimonios de su aceptación en la Iglesia, que ha sido constante hasta el momento de su definición dogmática. No digo nada de después.

Por otra parte, si el cuerpo de María hubiese sido depositado en un sepulcro, ¡no sé cuánto tiempo habría tardado en ser descuartizado para convertirlo en una reliquia tan apetitosa…!

Hay que tener en cuenta que no puede haber ninguna contradicción entre esas declaraciones y la Biblia. Antes al contrario, hay frases en ella que no se podrían entender con sentido pleno, sin la explicación que dan estos dogmas.

En el caso que nos ocupa, el texto de la carta a los tesalonicenses, (4,14 ss.), habla de que al fin de los tiempos unos resucitarán y otros serán transformados, para encontrarse en igualdad de condiciones al llamado Juicio Final. Mira por cuanto, eso es lo que supone el texto evangélico con el modelo de Cristo para los resucitados y el de María Asunta al cielo, como modelo para los transformados. Ambos ejemplos nos confirman ese texto de S. Pablo.

Algo parecido en Ap. 12,1: “Una mujer en el cielo…”

De todos modos, hay que decir también que el texto de la declaración dogmática de la Asunción de María en Cuerpo y alma al Cielo esquiva esta cuestión. No nos dice si murió o no: “Pronunciamos, declaramos y definimos que es un dogma, divinamente revelado, el que la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, terminado el curso de su  vida terrenal, fue asunta al cielo en cuerpo y alma” (Constitución apostólica “Munificentissimus Deus”, de Pío XII del 1 de Nov de 1950). Este hecho de la Asunción supone una transformación real, al estilo de la de Jesús resucitado, que podía atravesar paredes. Pero no tiene que implicar precisamente la muerte. Yo, personalmente, me inclino a decir que no, que María no murió. Pero esta es una cuestión opinable y yo quiero respetar y respeto la opinión contraria, que supone la muerte, aunque sea durante un  breve tiempo.

           

 
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