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 Velad y orad                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ Estoy muy preocupada por que el otro día vino una persona y me dijo: “No pierdas tu tiempo orando y pidiendo a Dios, por que él ya tiene un plan para cada uno de nosotros. Si está en los planes de Dios que sigas enfermo, seguirás; si que te mueras, morirás; no hay oración, ni súplicas, ni promesas que valgan la pena; ni ayunos, ni caminatas, ni nada. Eso es una perdeera de tiempo. Lo que Dios tiene para cada persona sucederá, quieras o no quieras, grites o patalees, reces o no reces. No pierdas tiempo en boberías”. ¿Es esto cierto? Acláremelo con citas bíblicas que me convenzan, porque estoy decepcionada. Vanesa Sotomayor. Río Piedras.

                        R/ Lc. 6,12; Mt. 6,6; 26,29; 26,36… Y podría seguir enviándote citas toda la página. Pero mira, para el que tiene fe, todos esos guarismos son innecesarios, sobran. Para el que se desenvuelve en una soberbia o desesperación, como tu interlocutor, también; pero por el motivo contrario. Tú seguirás orando y él pataleando.

            Es el peligro de no orar, o de orar mal. Y no vamos a caer en la tontería de esa hojita que anda circulando por ahí, diciendo que los católicos sólo sabemos rezar y repetir (!pues mira que ellos!); ellos también saben orar. Sobre esto ya hubo otra respuesta a la que me remito.

            Lo que creo que le pasa a tu interlocutor es que sólo sabe “pedir”, cuando reza. Y eso, a veces, convierte a Dios en una marioneta, que tiene que reaccionar a los impulsos que le da el conductor, que en este caso se convierte en dios, pero impotente. Como el omnipotente es él, que haga lo que yo quiero y como yo quiero… Naturalmente esto es una manifestación solapada de soberbia, de la que inevitablemente yo supongo que Dios se ríe.

            Rezar es contactar con Dios. Y eso no se lo quita nadie al que reza con humildad, confianza y perseverancia, como nos dice el Catecismo. Si, además se reza para pedirle perdón, sabiendo dónde encontrar su sustituto, el sacerdote, que nos da la absolución sacramental, tendremos todo el camino abierto.

Lo mismo que si yo rezo para darle gracias por algo tan absurdo como una enfermedad. Sí, yo puedo pedirle a Dios que me quite la enfermedad, pero puedo darle gracias por ella, porque con esa cruz me acerco a completar los sufrimientos de la suya (Col 1,24). Y puedo rezar para ofrecer mi vida en el claustro o en el sacerdocio para estar siempre a su disposición. El que rece así se dará cuenta de la distancia que hay entre él y lo que tu compañero sugiere.

Esa persona no creo que pueda confirmar, con ninguna frase bíblica, ese determinismo absurdo con que se expresa, fruto de una predestinación mal entendida.

Lo que pasa es que Dios a veces parece dormido en nuestra barca, pero está ahí (Mt. 8,25).

 

                                               

 
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