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 El vestir decente                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ Soy católica practicante; rezo el Santo Rosario completo todos los días. Y me asusta y me preocupa el descaro en el vestir de mujeres que van a la Iglesia vestidas indecorosamente o con pantalones demasiado ajustados. Pero, es que a veces hasta los sacerdotes van en pantalones cortos. ¿No se podía poner algún tope a todo esto? Anónimo                                         

                        R/ Por el estilo de letra parece una mujer ya entrada en edad y tal vez se olvidó de poner el nombre. De todos  modos admito que sus observaciones tienen una gran parte de razón, porque es demasiado frecuente ver ya niñas llevadas por sus mamás enseñando la espalda casi completa. Cuando llegan a adolescentes ya no hay remedio. Y lo más triste es que no habrán aprendido a distinguir cuándo se está en casa, cuándo en público, cuándo en un lugar sagrado. Esto nos está llevando a perder la delicadeza de lo decente y la conciencia de pecado.

Desde luego, con esos vestidos, subir al ambón a leer, moverse con las ofrendas, cantar en el coro (que suele estar en un sitio muy visible) y, sobre todo, acercarse a comulgar no deja de ser una especie de desprecio a Dios en sus cosas. Y, aunque no quiero juzgar ni mucho menos condenar a nadie, no puedo menos de reconocer que muchas veces esa indecencia implica un pecado importante, el de la insinuación o provocación, que en el Evangelio se le llama “escándalo” (Mt. 18,7).

            Por eso es interesante que los padres eduquen en todo esto a sus hijos desde pequeñitos. No se puede esperar a resolverlo con ujieres, que se pongan a la puerta con una cinta métrica para medir a quiénes se puede admitir y a quiénes hay que prohibir la entrada en el templo. Eso queda para esas sectas que no tienen ofertas más profundas para sus seguidores.

            Lo de los curas en pantalones…, no creo que eso ocurra en el templo, a no ser por trabajos específicos (cambio de altares, traslado de imágenes o cualquier otra clase de obras concretas…). Fuera del templo, en un clima tropical, donde se ve a tantos hombres de esa guisa en casa o en la calle, no es para escandalizarse por ello. Otra cosa sería si los viésemos en sus funciones de oficina parroquial y de culto litúrgico. Y no creo que ese sea el caso.

            De todos modos desde estas líneas pongo este problema bajo la fuerza de su Rosario diario, para que lo que no hacemos los hombres lo logre la devoción a la Sma. Virgen.

 

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