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 Decencia Vestir                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ Me preocupa ver las damas tan mal vestidas en la Misa. ¿No pueden los sacerdotes poner un poco de disciplina? Porque, cuando uno va a llevar un mensaje a personas de otro credo, enseguida nos dicen: ¿“Cómo voy a pertenecer a una iglesia que tiene tan poca disciplina”? Alfredo Díaz

R/ No hace muchas semanas que se tocó este tema y entonces dije que era lamentable “ver a niñas llevadas a la Iglesia por sus mamás enseñando la espalda casi completa. Cuando llegan a adolescentes ya no hay remedio y lo más triste es que no habrán aprendido a distinguir cuándo se está en casa, cuándo en un lugar público o cuándo en un lugar sagrado. Esto nos está llevando a perder la delicadeza de lo decente y la conciencia de pecado”. 

Me reitero en ello. Y hago una llamada de atención a las mamás, para que eduquen de este modo a sus hijas. Porque lo que no se logre por educación y por decencia, mal se va a lograr por métodos disciplinarios. También entonces dije que no me parece oportuno tener unos ujieres que usen una cinta métrica para medir a quiénes hay que impedir la entrada en el templo. Sería militarizar nuestros lugares de oración. ¡Eso, que lo hagan ellos!

Debo admitir que desde antiguo existió la orden sagrada del “Ostiario”, o portero; en la Edad Media también se le llamó vulgarmente “perrero”, porque una de sus funciones era la de impedir a estos “amigos del  hombre” acompañarle al lugar sagrado. De hecho, hay muchos santuarios donde esto se está llevando a la práctica. Por tanto, debo admitir también que aquellos párrocos, que quieran tener este ministerio de selección, están en su derecho. Pero considero exagerado pedir que se haga preceptivo en todas las parroquias.

Lo que digan desde otros credos, me preocupa muy poco. Y la razón no puede ser más sencilla. Este tema se encuentra en la “cola” de nuestra Religión Católica. En la “cabeza” está la conciencia clara de que Jesús ha querido hacerse presente entre nosotros no sólo espiritualmente, cuando nos reunimos “dos o más en su nombre” a rezar, sino también sacramentalmente y por tanto realmente en la Eucaristía en las “especies sacramentales”: el pan y el vino, consagrados por uno de sus ministros: obispo o sacerdote. 

¡Los que tanto nos critican a nosotros por nuestra “cola” no se han mirado al espejo; se verían “decapitados”! ¡Que se preocupen de venir a Misa y mirar hacia el altar de Dios; no a las indecencias de las personas!

 

 

 
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