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 Juegos de azar                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

           P/ He observado a algunos cristianos jugando y apostando, en busca de dinero. ¿Ordenó Jesús a los cristianos que participaran en “juegos de azar” tales como carreras de caballos, casino, lotería, lotería ilegal y otros? Ángel Negrón, Mayagüez.

             R/ Desde luego que si me pones el apellido de “ilegal” a cualquiera de ellos, me obligas a responderte negativamente. Pero, si me quitas ese apellido, me das la opción de que te cambie la pregunta: ¿Nos consta en alguna parte que los prohibiera?

            Este tema ya lo toqué en otra ocasión a propósito de alguien a quien un pentecostal le dijo que ellos eran mejores que los católicos porque no fuman, ni toman alcohol, ni bailan, ni van a los casinos, ni se pintan... Los que no conserven los números del Visitante pueden encontrarlo en la Pág. 175 del libro que con el título de esta misma columna (“¿Cuál es su duda? - 111 Respuestas”) se está vendiendo en cualquiera de las residencias que los Agustinos tenemos en la Isla.

            El resumen de aquella respuesta, a la que me remito, era que no había que confundir el tronco con las ramas. Lo interesante del mensaje de Cristo es el mismo Cristo. Y él ha querido hacerse presente en medio de nosotros, primero visiblemente y después invisiblemente, pero no menos realmente, en la Eucaristía, bajo las especies del Pan y el Vino consagradas por los sacerdotes.  Mientras estaba visible, no tuvo ningún inconveniente en asistir a una fiesta de bodas. Y precisamente proporcionar a los novios, en un azaroso trance, el mejor vino; y eso al final, algo inusual entre los judíos Y cuando le vemos mandar a Pedro echar la red para coger un pez, en cuya boca encontraría una moneda... ¡Menuda suerte!... ¡Así, cualquiera pagaríamos los impuestos alegremente!

            No, los juegos de azar no son en sí mismos ningún pecado, precisamente porque no los prohibió Jesús. Por eso termino con las mismas palabras de aquella respuesta: “Todas esas cosas, si se viven con moderación no desconectan a nadie de la Gracia de Dios”. Y eso es lo esencial.

            En otras ocasiones he hablado del uso y el abuso. El uso moderado no suele ser pecado nunca; el abuso, siempre. Y la gravedad depende de lo que uno se haya distanciado de la moderación.

 

 
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