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 Envidia                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

  

          P/ Hay personas hipócritas y pecadoras. Pero entre todos los pecados me preocupa éste. Según la Biblia, ¿qué es la envidia? ¿Qué efecto tiene en la relación del hombre con Yavé Dios?” Ángel Negrón. Mayagüez.

            R/ No me gusta la formulación de la primera pregunta, porque la Biblia nunca pretendió ser una enciclopedia de conceptos o un diccionario. Hubiese sido mejor preguntar: “¿Qué hechos de envidia encontramos en la Biblia y cuáles son sus efectos?” Voy a citarte varios y por ellos tendrás ambas respuestas.

            La Moral Católica la define como “un pesar del bien ajeno”. El “Diccionario de Moral Cristiana”, de Karl Hörman añade: “En lugar de desear bien al prójimo, el envidioso le muestra ojeriza, porque ve en su dicha un perjuicio para sí mismo. De este modo peca contra el amor al prójimo. Es una falta moral tanto más reprensible cuanto más seriamente se fomenta y mayor es el bien que ataca”.

             Por envidia el demonio tentó a Adán y Eva, porque tenían lo que él había perdido (Sb. 2,24).

            Por envidia mató Caín a Abel (Gn. 4,3-7).

            De envidia acusó el profeta Natán a David con el ejemplo del rico que roba la única ovejita al pobre. (II Sam. 12,1-4).

            Es fruto de las obras de la carne ( Gál. 5,21; Rom. 1,28-32; I Cor. 6,9-10; Ef. 5,3-5; Col. 3,5-8; I Tim. 1,9-10; II Tim. 3,2-5)...

            Según estos textos, es uno de los vicios capitales, junto con la soberbia, la avaricia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza.

            Provoca las desigualdades y las guerras (Is. 2,4).

            Los discípulos de Cristo “se han revestido del hombre nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4,24) y deben “rechazar toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias (I Pe. 2,1).

            En los números 2538 y siguientes del Catecismo de la Iglesia Católica encontrarás

otros matices y otras referencias bíblicas acerca de la malicia y el deber del cristiano frente a este pecado capital, del que dice S. Agustín que es “el pecado diabólico por excelencia” en su libro “De cathequizandis rudibus”.

 

 
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