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 Homilías                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

  

          P/ ¿Por qué los sacerdotes ya no predican sobre el sexto mandamiento en las homilías? No se oye hablar de los pecados de divorcio, los anticonceptivos, las esterilizaciones, la masturbación, la pornografía, la infidelidad, la fornicación, las modas… Y esos pecados siguen cometiéndose. ¿No será pecado, escándalo, o al menos cooperación al mal: - comprar el periódico “Primera Hora”, por sus fotos al estilo “Playboy”, “Teve Guía”, “Vea”, o esas revistas que sólo hablan de escándalos y mundanidad; - ver las telenovelas, alimento de infidelidades y pasiones; o todos esos programas televisivos donde se explota a la mujer y se la reduce a un mero objeto de placer; o esos vídeos musicales con tanta llamada a la sensualidad y a la masturbación; - escuchar música con doble sentido o sentido sexual explícito; - escuchar por radio esos programas matutinos o vespertinos, donde los comentarios sobre infidelidades, sensualidades, sexo están tan al día; - vestir con poca ropa, enseñando las piernas o el ombligo…? José Rivera, Mayagüez.

 R/ Interpreto su propuesta más como una sugerencia que como una pregunta. Por eso no pretendo con estas líneas dar una respuesta a ese “por qué”, y menos convertir esta respuesta en un sermonario sobre todos esos temas, que, por otra parte, de un modo o de otro, se están tocando en las páginas del Visitante. Pero dejo en manos de los lectores de esta columna la elección de una postura conveniente en sus propias vidas y, por supuesto, lo dejo en manos de educadores, padres de familia (no olvidemos que ellos son los primeros educadores en la sociedad, con derecho y obligación sobre sus hijos), maestros, predicadores, sacerdotes y de cuantos tienen a su cargo alguna responsabilidad de dar ejemplo o de hacer apostolado en todas estas materias que se han citado y otras que los mismos puedan añadir.

Todo lo que hagamos en bien propio (quede claro que cuando hablo de “bien propio” estoy pensando en el bien del hombre que le une a Dios, no quiero dar rienda suelta con esa expresión al vicio capital del egoísmo) será indirectamente un bien para los demás. Si, además, lo pretendemos como un apostolado podremos celebrar y contar en nuestro haber la frase de S. Agustín: “Quien logra salvar un alma ha asegurado la salvación de la suya”. Pero es indudable que en los tiempos que corremos hay demasiada influencia por parte de los medios de comunicación social, que indudablemente bombardean con descaro y afán todas esas miserias humanas.

 

 
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