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 La homosexualidad                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/: ¿Según la Iglesia Católica, se puede ser homosexual y/o lesbiana practicante y al mismo tiempo católico práctico? La pregunta surge a raíz de la controversial dama, cuyo cadáver fue encontrado recientemente en un condominio, de la que se dice que era activista lésbica y al mismo tiempo católica práctica y que comulgaba todos los días. Anónimo, S. Juan.

             R/ No me gusta el sistema de tirar la piedra y esconder la mano del anonimato. Pero la cuestión está ahí y no quiero esquivarla.

            Por el modo que se ha hablado en los periódicos de este tema, que es la única información de que dispongo, y confieso que superficial por mi lectura, no he podido aclararme si esas dos prácticas fueron simultáneas o no, en esa señora. En varias ocasiones tuve la sensación de que la práctica católica fue anterior y la lésbica posterior. Lo cual no aclararía nada, ni justificaría nada, si hubiese ocurrido al contrario. Pero digo todo esto porque no es fácil juzgar a nadie y menos sin tener datos concretos: “No juzguéis y no seréis juzgados” (Lc.6,37). En cualquier caso, llamaría negativamente la atención, si hubiese sido simultánea, porque tendríamos un poco el caso de quien sirve a dos señores (Mt. 6,24); lo cual, en el contexto evangélico, indica que sólo a uno se le sirve bien.

            Dicho esto, quiero que quede claro que la Iglesia Católica no se ha inventado el Sexto Mandamiento de la Ley de Dios. Ella sólo conserva su legalidad entre sus afiliados. El que se mantenga en una postura viciosa en ese terreno, tanto homosexual como heterosexual, está quebrantado la ley de Dios. Y Ella no tiene facultades para autorizar o bendecir ese quebrantamiento.

            En el peor de los casos: si un católico (seglar, sacerdote u obispo) autoriza o bendice esa práctica, carga en sus hombros una enorme responsabilidad. Mucho más, si la practica, como es el caso de esos clérigos descubiertos en abusos de menores.

            Quede también en claro, a): Que frente a esos casos más o menos constatados, hay miles de sacerdotes, religiosos y religiosas, que siguen heroicamente la virtud de la castidad. Pero de ellos no se dice nada y son los que en realidad acreditan a la Iglesia Católica. Y b): La Iglesia Católica sigue siendo la heredera de Jesús en lo doctrinal; y en lo moral, no se puede olvidar que los que así obran no lo hacen cumpliendo sus leyes, sino quebrantándolas.

            Por último quiero decir que, si no siempre que un hombre se encuentra con una mujer es para quebrantar el sexto mandamiento, tampoco la afición homosexual tiene que suponer necesariamente su quebrantamiento. Pero quebrantarlo, de un modo u otro, y comulgar puede llegar al sacrilegio. Y “si alguien come el Pan y bebe de la Copa del Señor indignamente... come y bebe su propia condenación...” (1Cor. 11,27).

 

 
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