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 Casetes piratas                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ Mis felicitaciones por su columna. El otro día discutíamos unas amigas sobre si el obtener películas o casetes de música pirateadas es pecado, aún cuando se utilicen para evangelizar. ¿Puede aclararme esto? M. H. C.

             R/ Siempre que surge alguna publicación llamativa (cintas, películas, incluso cuadros o esculturas), es inevitable que surjan interesados que quieren poseer una copia para su colección particular. Lo mismo ocurría antes de la invención de la imprenta con los libros. Sólo que entonces había que copiarlo a mano y ése no era un trabajo que multiplicase ganancias, sino mucha paciencia y quemazón de ojos.

            Entiendo que ese afán coleccionista no ha hecho en la Historia más que enriquecer las bibliotecas, pinacotecas o museos, privados o públicos. Cuando eran los conventos los que se agenciaban estas copias a base del trabajo de sus monjes copistas, a nadie se le ocurrió la idea de pensar que eso era pecado. Al contrario, era un aliciente para el autor de esos libros el saber que de ese modo se ampliaba su popularidad.

Con la invención de la imprenta surge un nuevo concepto de la propiedad: la intelectual. Había que regular la publicación y comercialización de esos libros. Hoy, las grabadoras actuales pueden multiplicar muy fácilmente esas copias y lograr de ese modo un elenco negativo en la comercialización hecha por las grabadoras oficialmente reconocidas y que pagan unos impuestos correspondientes. Naturalmente, entrar en competencia publicitaria sin el riesgo de pagar impuestos y con ganancias fáciles no está moralmente admitido. O, si quieres, llámalo pecado.

Con frecuencia se publicaban cifras astronómicas de negocios solapados a base de cintas de los cantantes de turno. Eso está perseguido por la ley civil y desde luego no tiene nada que ver con la ley divina. Es decir, tampoco está conforme con ella. Contraviene el séptimo mandamiento de la ley de Dios.

Pero hacerse con una copia de un libro y leer un capítulo a un grupo de amigos o de niños de la catequesis no creo que dañe a nadie; y lo mismo reproducir parte de una cinta, filminas, vídeos. No se hace por negocio y no se daña a nadie pecuniariamente, como si se venden copias clandestinas para lucro personal, dañando la venta de las legales. Por lo tanto habrá que tener en cuenta estos conceptos para evitar el primero y ser prudentes con el segundo. Así no dañaremos nuestras conciencias ni las del nuestros amigos.

 

                                               

 
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