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 Maldad Mundo                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ ¿Puede controlarse la maldad en la tierra mediante la Biblia que es la palabra de Dios? Hiram Alcaraz, Mayagüez

 

R/ ¡NO! Aunque parezca una blasfemia. Pero déjame que me explique.

Esta pregunta surge, en el fondo, de la falsa concepción protestante radicalizada en torno al valor de la Biblia: “Sólo la Biblia es palabra de Dios; la Iglesia no vale nada”. Lutero reaccionó contra los posibles abusos que encontró en su viaje a Roma desde su inestable sicología, herida por un rayo en la pubertad. Y la mejor manera fue insultando a lo más representativo de la Iglesia: “El Papa era un asno que sólo sabía rebuznar cuando leía las Sagradas Escrituras, era más criminal que el moro, sus palabras eran más mortíferas que la espada; los teólogos de París sólo escupían babosidades en sus discursos...” Él era maestro en Biblia (no se da cuenta que ese título se lo dio una universidad católica) y estaba por encima de toda otra concepción escriturística. Inventa lo que quiere, para interpretarla a su antojo, como la palabra “sola” al lado de la palabra “fe”, para decir que no son necesarias las obras, porque basta con las de Cristo, y… !feliz! No vale el Papa, ni la Iglesia; sólo la Biblia y lo que él de ella saque…

Se apoya también en el texto de la segunda carta a Timoteo 3,16: “Toda Escritura, divinamente inspirada, es útil para enseñar, argüir, corregir y educar en la justicia”.

Pero esta pregunta olvida que la palabra única y verdadera es Cristo, el Verbo Encarnado, la PALABRA de Dios hecha carne, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad… La Biblia no es más que un instrumento para acercarnos a ÉL. Él nos ha traído del Padre todo lo que necesitamos para salvarnos y para ser verdadera imagen de Dios. Nos ha dejado el sacramento del Perdón para reconciliarnos con él y se ha constituido él mismo en alimento, por medio de la Eucaristía, de nuestras almas. Por lo tanto, a él sí pueden atribuírsele esos poderes.

Y fíjate lo que ocurre nada menos que en el Gólgota, donde se supone que estaba ejerciendo toda su omnipotencia redentora, al entregar su espíritu al Padre por los hombres: Tenía a su lado dos ladrones. Dimas se atrevió a mirarle de frente… - “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Gestas… (¡) No pudo hacer nada por él, porque él mismo no se lo permitió. Y no fue por la incapacidad de Cristo, sino por la necedad del mal llamado “mal ladrón”, porque, como ladrones, me imagino que ambos eran muy buenos; sabían muy bien como atacar a sus víctimas.

Pues si el mismo Cristo no pudo lograrlo con solos dos, mal lo vamos a hacer nosotros con toda la humanidad por la simple lectura, en tantas ocasiones adulterada, de las Sagradas Escrituras. Jesús no dejó ni una sola palabra escrita, sino una Iglesia. Y no 200, como hay hoy en Puerto Rico, sino una sola, en la que él se hace presente a través de sus ministros consagrados: Presbíteros y Obispos, presididos por el Papa.

Sin embargo, mira lo que ocurre cuando esa Iglesia se niega al divorcio, al aborto, a las relaciones prematrimoniales, a las uniones homosexuales... Unos no le hacen caso y otros o la ridiculizan o legislan en contra de esos principios…

Lo que no se consiga a través de esta Fuerza, que él quiso dejar en el mundo, mal va a hacerse con una lectura manipulada de la Biblia.

 
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