Home Up  

 Tatuajes                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ Dios le bendiga y le permita muchos años de vida en salud para que pueda continuar su apostolado de arrojar luz en nuestras dudas.

En una conversación familiar yo comenté que los tatuajes estaban prohibidos por la Iglesia. Nadie me refutó; pero yo mismo quedé con la duda de haber dicho algo incorrecto. ¿Podría Vd. abundar en este tema? Juan Salvat

 

R/ Gracias, por tus buenos deseos. Ante ellos me siento como un niño al que le hacen una caricia; por lo tanto, más cerca del Evangelio y con más ánimo para seguirlos.

En esta ocasión debo decir que la Iglesia, al menos que yo sepa, nunca se ha pronunciado en este tema; ni en pro, ni en contra. En realidad los tatuajes son un adorno más que se añade a la belleza corporal, como serían los orificios en la oreja femenina para las pantallas. Bueno, ahora ya, por la oreja no se sabe “si es macho o es jembra”, como dice Gabriel y Galán en su poema “Varón”, que se inicia con una frase muy expresiva: “Me giedin los hombris que son medio jembras...”

En ese asunto, como en otros análogos, podría quebrantarse el quinto mandamiento del Decálogo, por las implicaciones de salud. Por eso, he dicho muchas veces que ahí tienen algo que hablar los médicos. Y es cierto que, cuando un donante de sangre se presenta tatuado, la investigación previa se hace un poco más detallada. Porque, si esos tatuajes se han hecho sin la debida higiene, por artistas no entendidos en dermatología, el riesgo de contagio es mayor. Pero si se constata que se han hecho con las debidas normas de higiene, tampoco en medicina hay ninguna contraindicación.

El problema no es, por tanto, ni de salud, ni de dictámenes eclesiales. Pero puede adquirir aspectos pecaminosos cuando envolvemos los tatuajes en una especie de exhibicionismo. Cualquier tatuaje lleva impreso ese fin, el ser visto, si no… Puedo tatuarme los brazos o los hombros; pero, si lo hago con partes más íntimas, corro el riesgo de caer en el escándalo. Y recuerdo una vez más lo que se dice de él en el Evangelio (Mt. 18,7).

Es lo mismo que ponerse un arete en el ombligo y así tener una disculpa para enseñarlo a todo el mundo. Primero fueron los escotes, luego los tobillos; más tarde las rodillas; ahora ya nadie se asusta del exhibicionismo femenino. Pero los sacerdotes seguimos constatando en el confesionario que eso sigue siendo piedra de choque y fundamento de muchas tentaciones y de muchas caídas contra la virtud de la castidad.

Los tatuajes, pues, no encierran en sí serios problemas éticos. Pero cuando se añaden ciertas circunstancias, pueden herir la moral, tanto de los que los llevan como la de los que los contemplan.

 
Para dudas ó comentarios diríjase a:  frirevilla@hotmail.com
Copyright © 2003 Padre Isaías
Última Acualización: 04/04/05 05:39:16 PM -0400 IMRF