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 Juicio particular                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ La Biblia dice que no quedará pecado sin perdonar. Mi pregunta es si luego de uno confesar y comulgar todavía está en condiciones de ser juzgado. Gualberto Rivas.

             R/ ¡Bueno! En tu propuesta hay dos cosas diferentes. Yo no sé dónde dice la Biblia que “todo pecado quedará perdonado”. Sobre todo, si por esa frase entendemos una promesa de que al final Dios perdonará a todos; aunque haya que esperar a reencarnarse en un hipopótamo, o en un cucaracha, o... todas las veces que sea necesario, hasta que se perdonen todos nuestros pecados. Fíjate hasta dónde podemos llevar las consecuencias de una frase caprichosa. Otra cosa es que Dios pueda perdonar todo. La capacidad de perdón después de la Pasión de Jesús es, por supuesto, ilimitada.  Cristo se hizo hombre “para la destrucción del pecado” (Hebr. 9,26). Eso por citar una de tantas frases con que lo respalda la Biblia.

            Ese concepto de que “no quedará pecado sin perdonar” es válido sólo en cuanto a la voluntad salvífica universal de Dios. Pero es indudable que los hombres podemos poner obstáculos temporales o permanentes a ese perdón. Y eso es algo que no debe olvidar nuestra virtud de la humildad.

            Lo que sí consta con toda certeza en la Biblia es que “hay pecados que no se perdonan ni en esta vida ni en la otra” (Mt. 12,32); “Me buscaréis, pero moriréis en vuestro pecado” (Jn. 8,21); “Si estuvierais ciegos no tendríais pecado...” (Jn. 9,41)...

            La otra cuestión que planteas en tu pregunta hay que verla en una dinámica judicial: Todos hemos de ser juzgados. Es lo que llamamos el Juicio Particular (post mortem) o el Juicio Universal, (en la Parusía o fin del mundo). Luego vendrá la sanción positiva del Supremo Juez, llamando a los “benditos de su Padre” (Mt. 25,34), justo porque hicieron uso de lo que Jesús puso en sus manos, la Confesión y la Comunión; o “malditos... al fuego eterno...”, justo porque despreciaron estas posibilidades.

            El fruto de un juicio es la sanción, y ésta no tiene que ser necesariamente condenatoria, sino justa. Y Dios es “fiel y juzga rectamente” (S. 9,5; y en muchos otros lugares). La doctrina de las postrimerías está clara: Después de la muerte viene el juicio y como resultado el infierno o la gloria.

 

 
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