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 Trompeta final                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ ¿Qué le pasaría a uno que se divierte en Walt Disney si en ese momento suena la trompeta y le llama Dios? Yiye Ávila.

            R/ Desde mis primeros pasos televisivos en Puerto Rico ya me encontré con esa expresión apocalíptica con ribetes de inmediatez: “!Ya está a punto de sonar la trompeta…!” Han pasado doce años y sigo oyéndolo. En esta ocasión se le añadía la pecaminosidad de todo lo que no sea orar o predicar. “En las cosas de Dios no podemos tener vacaciones. Todo lo que no es de Dios es pecado. La vacaciones son cosa de diablo…” Y decía otras cosas parecidas, entre las cuales surgió esa pregunta, que le oí no hace muchos días. Y, como la hacía en un medio televisivo, creado por él, y se pavonea de que tiene gran cobertura auditiva, pues yo me tomé la libertad de responderla en otro medio menos pretencioso que el suyo: El Visitante.

            En la vida de los santos se cuentan cosas casi tan peregrinas como las que se inventa Yiye. Por ejemplo: de S. Luis Gonzaga se cuenta que era tal su virtud de la castidad que no se atrevía a besar a su mamá, ni siquiera a mirarla de frente… ¡Qué barbaridad…! Sin embargo, se cuenta también de él (“si non e vero e ben trovato”), que estando los novicios en tiempo de recreación, disputando una partida del billar clásico, a uno de ellos se le ocurrió preguntar: “Y si ahora nos dijesen que venía el fin del mundo, ¿qué harían?”.

- Yo buscaría el confesor de inmediato.

- Yo iría a la capilla a rezar.

- Yo me arrodillaría aquí mismo

- …

 - ¿Y tú, Luis?

- “Yo afinaría la puntería para que me saliera bien la carambola”.

            ¡Lógico! ¡Era la hora de hacer lo que hacían! ¿Para qué cambiar las cosas que Dios estaba viendo con una sonrisa indudablemente paternal y buscar sucedáneos, si Él estaba entre sus juegos? Pecado es un “dicho, hecho o deseo contra la ley de Dios”, según S. Agustín. Y una distracción sana, como esa partida, no entra en esa definición.

            Que yo sepa, Walt Disney no es un lupanar, sino una expresión de fantasía infantil, en la que disfrutan tanto ellos como los mayores que les llevan. ¿Desde cuándo es pecado disfrutar de las cosas que Dios “hizo buenas”? (Gn. 1,10…) Si eso fuese así, ¡vaya metedura de pata, por parte de Jesús, cuando hizo que el maestresala presentase al final el vino mejor! (Jn. 2,10).

            En este contexto, pensaría que era un espectáculo especial, entre tantos que allí dejan boquiabiertos a los nenes: ¡Una trompeta, no desde la atalaya, sino desde el cielo! Y habría que gozarlo profundamente, bailando a su ritmo, agarrado de Miky Mouse y con todos los niños presentes, tomados de la mano, como varias veces hice con los más pequeños en la escuela.

            ¿Les suena eso de “Si no os hacéis como niños…”? (Mt. 18,3) ¡Que modo más bonito de entrar en el cielo!

 
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