Home Up  

 Fuego del cielo                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ ¿Qué es mejor, que a Dios le dé ira  para acabar con el mundo mundano o que siga teniendo misericordia, para que el mundo se quede como está? Yo prefería que le diera ira y que estableciese de una vez su Reino. Feliz Navidad y próspero año nuevo. Le felicito por su columna. Nina Vega, Ponce.

             R/ Gracias por sus halagadoras palabras. Por lo que a mí toca, no puedo menos de agradecerle sus expresiones y abundar en sus propios deseos de amor y prosperidad en el nuevo año.

            Pero, en cuanto a lo que propone en su carta, tengo que recordarle aquel episodio del Evangelio de S. Lucas (9,51-56). Jesús iba con sus discípulos de camino a Jerusalén. Atravesaba Samaría. Es por todos sabido que los judíos no se llevaban con los samaritanos. Éstos no facilitaron posada a los emisarios que había enviado por delante, porque supieron que iban de camino a Judea. Santiago y Juan, airados, le dijeron a Jesús: “¿Quieres que pidamos fuego del cielo que los devore a todos?”... Esto les valió el apelativo de “boanerges” = hijos de trueno (Mc. 3,17). Jesús les reprendió: “No sabéis a qué espíritu pertenecéis”...

            Jesús se enfrentó muchas veces a los fariseos, sacerdotes, judíos, saduceos... Solamente una vez utilizó la ira para echar a los mercaderes del templo. Si cada vez que se encontraba con un ladrón le hubiese quemado, pobre Dimas, que compartía con él la Cruz. Sin embargo, le dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc.24,43)... Si cada vez que se encontraba con publicanos, adúlteras, prostitutas..., hubiese mandado fuego del cielo, hubiésemos perdido indudablemente unas páginas preciosas del Evangelio...

            Además él tenía una solución más elegante: Cuando aquella soldadesca iba a prenderle en el huerto, según las indicaciones de Judas (¿Qué hubiese sido de él con ese método?), les preguntó: “¿A quién buscáis?” (Jn.18,4). Ellos le replicaron: “A Jesús Nazareno”.  Yo no sé qué tembladera de piernas les entró cuando Jesús se irguió con total dominio de sí mismo, para decir: “Yo soy”. Lo cierto es que cayeron por tierra como gusanos. Bien claro pudieron ver quién era el que mandaba allí, quién era el que tenía el poder, quién era el que gobernaba el mundo de las cosas, de los sentimientos y de las personas... Pero era el momento del “poder de las tinieblas...”

            Yo sé que todo esto es un misterio... Prefiero acogerme a su misericordia. No olvide que “su reino no es de este mundo” (Jn. 18,36). 

 

 
Para dudas ó comentarios diríjase a:  frirevilla@hotmail.com
Copyright © 2003 Padre Isaías
Última Acualización: 04/04/05 05:39:16 PM -0400 IMRF