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 Derecho y Dios                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ ¿Es verdad que Jesús nos consiguió, mientras estuvo en la tierra, los siguientes derechos: a) a ser hijos de Dios Padre, hermanos de Jesús e hijos de María; b) a ser santos completos; c) a ser joven; d) a ser saludables; e) a ser inmortales? Si es así, tenemos que estar agradecidos a Jesús toda la vida. Le felicito pro su columna. Nina Vega, Ponce

R/ La respuesta es negativa. Ante Dios no tenemos derecho a nada. Todo nos viene de Dios y todo nos viene como un don gratuito. Un regalo nunca da derecho a nada, sino que establece una especie de obligación del receptor para con el donante. Lo mejor que podemos hacer, en todo intento de acercamiento a Dios, es proceder desde la humildad. “Dios resiste a los soberbios y a los humildes da su gracia” (1 Pe. 55).

a) La capacidad de ser hijos de Dios se nos concede desde el Bautismo. Somos nosotros los que, en un gesto de agradecimiento, debemos mantener siempre viva esa gracia santificante.

b) Ser santos completos no es un derecho, sino una obligación: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt. 5,48). Es cierto que no nos faltará nunca la gracia de Dios. Pero “Gracia” es “Gratis”; y es un nuevo motivo para la obligación o el agradecimiento, nunca para la exigencia.

c) Lo de la juventud, biológicamente es una ilusión; sicológicamente, una fantasía. Lo importante es que “en la juventud Dios sea nuestra esperanza” (S.70,5); y “en la vejez Dios sea nuestro refugio” (Tob. 5,23).

d) También es cierto que todo lo que pidamos a Dios, en nombre de Jesucristo, él nos lo concederá, si se lo pedimos con fe y nos conviene para nuestra salvación. Pero eso sólo lo sabe Dios y, desde luego, yo no tengo derecho ninguno para exigirle que me quite, por ejemplo, el dolor de mi rodilla. Al contrario, él, desde la Cruz, me enseñó a santificarme en el dolor.

            e) Ser inmortal es otro don gratuito de Dios. Pero eso solo lo tendremos en el cielo.

            Por tanto, si todo lo que tenemos de Dios es gratis, lo que en realidad procede no es sentirnos con derecho a nada frente a él, sino todo lo contrario. Precisamente por eso, tenemos que afinar nuestro sentido del agradecimiento y responderle con nuestra conducta, recta a sus divinos ojos.

 
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