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 Novísimos                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ ¿Cuántos cielos hay? Cuando muere una persona, ¿queda dormido hasta el día del Juicio? ¿Está gozando en esos momentos de Dios? ¿Se encontrará allí con su esposa o familiares? ¿Es en ese mismo instante de la muerte, cuando se enfrenta a Dios para ir al cielo, infierno o purgatorio? Antes de morir, ¿se le presentan sus seres queridos? Respóndame con sencillez y al grano. Vanesa Sotomayor, Río Piedras.

             R/ Entre tantas preguntas sólo una me parece un poco interesante. Porque a la primera, la respuesta es obvia: ¡Uno solo! A no ser que pensemos que el llamado “Limbo de los Niños”, que mueren sin el Bautismo, es otro cielo. El catecismo del P. Astete le consideraba un infierno, porque esos niños han muerto sin méritos propios y no tienen tampoco los de Jesucristo, que se adquieren por el Bautismo. Naturalmente, un infierno muy descafeinado. No podría haber  padecimiento ninguno, ya que esos niños tampoco han cometido pecados personales…

            Por lo demás, la doctrina católica sabe que el cuerpo se corrompe en el sepulcro. Lo de “dormido” es una metáfora de esta realidad, que no va a impedir que Dios le resucite en el último día, para que se una con su alma. Y ésta, separada del cuerpo en el momento de la muerte, se encuentra “cara a cara” con Dios y, como resultado, va a gozar en el cielo o a sufrir en el infierno.

            Lo del purgatorio (purificatorio) no ofrece ninguna dificultad en cuanto a su existencia. Allí van las almas a “purificarse” de algunas de las consecuencias de sus pecados. La dificultad viene en cuanto al tiempo. Nosotros nos imaginamos que allí vamos a estar una semana, un mes, un año… Y eso es un error tremendo. Ya no estamos en el tiempo. Hemos entrado en la Eternidad y sólo Dios puede medir eso. Nosotros lo comprenderemos cuando estemos allí. S. Pablo, que se acercó un poco a toda esta realidad, lo dice bien claro: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó…” (1Cor. 2,9)

Eso es el grano. Lo demás, entre otras cosas todas esas preguntas que tú me haces y que yo he resumido en la formulación presentada arriba, es lo otro: “paja”.

Allí “adoraremos a Dios en espíritu y en verdad” (Jn. 4,23) y no habrá ni maridos ni esposas. Así se pronunció Jesús con aquella persona que le preguntaba por los siete maridos de una mujer. Es de suponer que allí nos veremos todos, también los que hemos vivido juntos en la tierra, sobre todo a partir de los sacramentos, como es el del Orden y el del Matrimonio. Pero también eso se acerca más a la paja que al grano.

 
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