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 Conf. frecuente                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ La Iglesia Católica manda una Confesión y Comunión anual. Además aconseja la Comunión diaria y Confesión semanal. Yo me pregunto cómo se hace esta Confesión semanal, pues se supone que no haya pecados mortales desde la Confesión anterior. ¿Puede un acto de perfecta contrición suplantar a una confesión? ¿Qué dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica? ¿Hay algún cambio con respecto a lo anterior? Eleuterio González, Bayamón.

 R/ No, no hay ningún cambio.

Los dos primeros mandamientos de la Iglesia son: a) la Confesión anual o antes de Comulgar, si se está en pecado mortal y b) la Comunión por Pascua.

El consejo de comulgar a diario no es otra cosa que dar valía a la presencia real de Cristo entre nosotros, que ha querido hacerla en forma de alimento. ¡Nadie espera a comer solamente una vez al año…!

La confesión semanal no se debe aconsejar de una manera genérica. En todo caso, debe hacerlo el sacerdote, en plan de dirección espiritual personal, con cada uno en particular. No vale, pues, esta columna para eso. Esa frecuencia es muchas veces innecesaria y se convierte fácilmente en una rutina. Para uno que comulga habitualmente todos los días, se supone que sólo tenga pecados veniales; y ésos se perdonan por el acto penitencial de la misma Misa. Bastaría, pues, que fuese mensual o bimensual.

Con respecto al acto de Perfecta Contrición (dolor de los pecados por amor a Dios, no por temor a su castigo en el infierno) hay que ser muy precavidos. Puede ser una manera muy simple de relajación moral: ¡Yo rezo el “Señor mío Jesucristo” y me evito la confesión!

Efectivamente, esa contrición perfecta perdona las faltas veniales y, en caso de necesidad, también los pecados mortales, pero siempre con la condición de confesarse sacramentalmente lo antes posible (Catecismo I. Cat., # 1452). Estamos diciendo “en caso de necesidad”. Por lo tanto, no se justificaría por la vergüenza de no comulgar con todos los demás.

En la práctica, lo mandado es confesar siempre los pecados mortales cometidos desde la última Confesión, antes de Comulgar. Si, por olvido involuntario, se me pasa alguno, no es preciso volver al confesionario. Dios no hace las cosas a medias, como a veces nos ocurre a nosotros y perdona todo. Lo justo es que, cuando hagamos la Confesión siguiente (no es preciso adelantarla de lo habitual), digamos: “En la Confesión anterior se me olvidó tal pecado…”

Hay que tener en cuenta que los pecados mortales son materia necesaria de la confesión. Si los callo por vergüenza, cometo un sacrilegio. Los veniales, en cambio, son materia voluntaria o libre. Por lo tanto, yo puedo hacer la Confesión a sabiendas de que sólo tengo pecados veniales; y si no me acuerdo de alguno de ellos, no tengo necesidad de confesarlos en la Confesión siguiente, como si fuesen mortales; ni siquiera es preciso interrumpir al confesor por uno de ellos.

 
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