Home Up  

 Casados civilm.                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ Conozco un matrimonio que lleva 25 años de casados por lo civil, porque él era divorciado de un matrimonio anterior católico. Asiste habitualmente a la Iglesia, pero no puede comulgar. ¿Se puede hacer algo por ellos debido al tiempo que llevan juntos? Si la primera esposa falleciera, ¿podrían casarse por lo católico?  M. R. L., Aguadilla.

             R/ El tiempo no cambia el vigor de la frase de Jesús: “Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre” (Mc.10,6). Por tanto, para la primera pregunta tengo una respuesta negativa: no se puede hacer nada por ellos con respecto a la Comunión. Nadie más que ellos pueden cambiar esa situación. Y ellos son los únicos responsables.

            En cuanto a la segunda, hay que tener en cuenta lo que ya se ha dicho tantas veces en el Visitante, incluso desde esta misma columna: El matrimonio es un contrato bilateral entre dos personas que no se fundamenta ni en mercancías (contrato comercial), ni en trabajo-salario (contrato laboral), sino en las mismas personas (para los bautizados: Sacramento). Ese contrato-sacramento no puede romperse más que cuando se rompe una de las dos personas, es decir cuando una de ellas muere. Por tanto, si muere la primera esposa, que sigue siendo la válida ante Dios, él quedaría libre de ese contrato y sólo entonces podría realizar uno nuevo. En este caso sería decir que podría hacer válido este segundo, que hasta ahora es, en realidad, un concubinato.

            Por eso, en la práctica, cuando a un hombre o a una mujer se le presenta la posibilidad de un matrimonio en esas circunstancias, debe saber a qué se expone y dejarse aconsejar por algún sacerdote. Porque, si toma una decisión contraria a la Iglesia, lo último que debe hacer después es pedir responsabilidades a esa misma Iglesia, cuyos postulados ha despreciado para dar rienda suelta a los de su mal llamado (entiendo yo) enamoramiento.

            Un juez no puede dar permiso para quebrantar el sexto mandamiento de la Ley de Dios, más que a los que no la conocen o no quieren saber nada con ella. Por eso cuando uno se pone en manos de un juez para eso, lo que hace es salirse de la Iglesia, para entrar en una sala. Entonces pierde todo derecho a exigir nada a esa Iglesia que ha dejado atrás.

            La Iglesia seguirá siendo madre y le permitirá que acuda a todos los actos de su Liturgia. Pero no podrá autorizar a esa persona a que comulgue “indignamente”, porque “comería su propia condenación” (1 Cor. 11,27). Y esa es una responsabilidad con la que la Iglesia no puede cargar.

 

 
Para dudas ó comentarios diríjase a:  frirevilla@hotmail.com
Copyright © 2003 Padre Isaías
Última Acualización: 04/04/05 05:39:16 PM -0400 IMRF