Home Up  

 Com. divorc.                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ Una persona casada por la Iglesia y divorciada ¿puede participar en las ceremonias litúrgicas, leyendo moniciones o lecturas bíblicas e incluso confesando y comulgando? Ana Amador, Barceloneta.

             R/ Creo que aquí hay un “lis de verbis” (un conflicto de palabras) y que con sólo aclararlas quedará resuelto este pequeño nudo gordiano. Veamos:

            “Matrimonio”: Contrato entre dos personas (de persona a persona, no de mercancía a precio, o de trabajo a salario), por el que se hace donación mutua de la propia persona a la otra y viceversa.

            “Divorcio”: la separación total de una pareja para poder contraer otro matrimonio, como si se tratase de cambiar no de persona, sino de mercancía o de trabajo.

            “Anulación”: Decreto de un juez, por el que se constata el divorcio, declarando nulo lo que en otro momento él mismo declaró valido (“Yo os declaro marido y mujer” no deja de ser un abuso de las facultades que le corresponden; y, desde luego, no vale para los bautizados, para los cuales ese contrato es un Sacramento).

            “Separación”:   Los esposos viven de mutuo acuerdo separados, temporal o definitivamente, pero sabiendo que siguen siendo esposos y por tanto sin posibilidad de optar a otros cambios de persona; es decir, a otras uniones maritales.

            “Nulidad”: Decreto por el cual, después de examinar detenidamente lo que pasó en la boda, se descubre que hubo ciertas trampas, mentiras, errores... que constatan que ese contrato matrimonial fue nulo en el momento en que se realizó, aunque se haya prolongado en ese error varios años y haya dejado por el camino varios hijos.

            No hay que olvidar que los que se casan son los novios y que sólo ellos son los protagonistas y responsables delante de Dios de su contrato y los receptores de su Gracia sacramental. La Iglesia lo único que hace es poner un testigo cualificado, el párroco o su delegado. Por eso puede y debe mantener en claro que “lo que Dios ha unido no puede separarlo el hombre”; y la Iglesia esta compuesta por hombres.

            Las dos primeras situaciones (divorcio y anulación) no son del acervo de la Iglesia. Los católicos que se acojan a ellas pecan y tendrán que dar cuenta a Dios y a sus propios hijos de las consecuencias que surjan. Las siguientes sí.

            Creo que tu pregunta supone un caso de “separación” (por que no se han entendido, porque surgieron errores posteriores que no se superaron...) y eso no implica pecado (lo sería la posterior unión, matrimonio civil, por otra religión, unión consensual...) ni la imposibilidad de llevar por separado una vida espiritual rica y enriquecedora. Pueden, pues, participar en todos los sacramentos y actividades de la Iglesia con toda normalidad.

 

 
Para dudas ó comentarios diríjase a:  frirevilla@hotmail.com
Copyright © 2003 Padre Isaías
Última Acualización: 04/04/05 05:39:16 PM -0400 IMRF