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 Santa Unción                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ A una persona que conscientemente se niega a los Sacramentos, ¿se le puede administrar el de la Unción de Enfermos, cuando está ya inconsciente y moribundo? En ese caso, ¿le vale de algo? Toni, Barranquitas.

             R/ Es terrible, a veces, lo lejos que le pueden llevar a uno la cobardía, el descaro o la ignorancia religiosa. Me estoy acordando de la sala del hospital donde se encontraba el padre de mi cuñado con otros dos enfermos; los tres en fase más o menos terminal. Un día, su hija, una católica convencida y comprometida, le dijo:

            - “Padre, ¿le parece que llame al Sr. Cura y se confiesa? Así quedamos todos tranquilos”. Él no se lo pensó dos veces: “Pues sí, llámalo”...

            - “Me dijo que venía mañana por la tarde, así es que tiene tiempo para prepararse bien”. Inmediatamente se dirigió a los otros dos. “¡Ya oyeron; aprovéchense!”.

            Uno de ellos, el cobarde, miró a una parte y a otra... Si decía que sí, iba a pasar por santurrón...  ¡Se calló! El otro, el descarado, le dijo:

            - “Yo no me confieso con un Cura. Yo soy socialista”.

            Y ella, sin darle tiempo ni a respirar, le replicó:

            - “¡Oiga! ¿Le han dado a usted hasta hoy muchas cosas los socialistas? Porque ahora le aseguro que no le van a dar nada ¡Eh!”.

            ¡Qué pena que la política opaque de ese modo la religión! Para hacer el cuento corto, diré que cuando llegó el Cura se confesaron los tres. Y, con pocas semanas de diferencia, los tres rindieron cuentas a Dios; naturalmente, en su Gracia.

            ¡Es algo tan bonito acercarse a la cama de un moribundo que te espera para recibir con devoción la Santa Unción, respondiendo y acompañando en las oraciones al sacerdote! ¡Y es tan triste tener que darse media vuelta, porque no hay medio de entrar a él!

            Yo he dicho muchas veces que Jesús dejó en la Iglesia la herencia de su Gracia y le dejó los Sacramentos para encauzarla. Los que no quieren contar con esos Sacramentos (“¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los Presbíteros de la Iglesia..., que le unjan con el óleo del Señor...” - St. 5,14-), neciamente pueden aspirar a que Dios les provea de otro modo lo que ya tiene encauzado a través de ellos.

            En cuanto a tu pregunta, el sacerdote no se negará a ungirle, dando así muestras de la posible misericordia de Dios. Pero yo no quisiera encontrarme en la situación de esa persona, que, mientras estaba consciente, despreció sus caminos (v. Canon 1007). 

            Por eso mi consejo a los familiares es siempre el mismo: No esperen a las últimas; avisen al Sacerdote tan pronto como se produzca una situación de peligro de muerte, aunque remota. Y no recurran nunca a eso de: “No vamos a llamar al Cura, porque tal vez se asusta...” Más vale entrar asustado en el cielo, que muy tranquilo en el infierno.

 

 
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