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 Matrimonios light                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ Me han hablado de dos casos escandalosos: Un viudo de 40 años, padre de 4 hijos, de comunión frecuente, se ha enamorado de una divorciada y pretende casarse con ella, a pesar de que ella no ha podido anular su matrimonio. ¿No es caer en las palabras de Jesús, que “quien mira a una mujer, ya está cometiendo adulterio”…? - Una señora de 70 años, amante reconocida públicamente de un señor casado, ahora está comulgando, asistiendo a la Misa con el don, que sigue casado y vive con su esposa legítima. ¿Es posible que un sacerdote haya dicho que, si viven como hermanos, pueden comulgar tranquilamente? E. Rodríguez. 

           

            R/ La disciplina matrimonial ya ha quedado clara en otras muchas ocasiones en el Visitante, incluso en esta columna. Vea la página: http://sududa.tripod.com en la sección de Sacramentos.

            Resumo eso de “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” en la expresión ritual de la boda: “Te recibo y me entrego a ti… todos los días de mi vida”; y en el contenido del sexto mandamiento: “No cometerás adulterio”, que el catecismo infantil traducía en “no cometer actor impuros”. Lo demás es andar a la trampa con Dios y con su Iglesia.

            Aplicando estos dos principios a los casos que expones te diré en cuanto al primero: Mientras tengan claro que son novios y nada más, y vivan su noviazgo en castidad y respeto mutuo, hasta que se resuelva el problema de la nulidad de ella, no hay problema en que ambos puedan comulgar. ¡Ojalá todos los noviazgos se desenvolviesen entre Comuniones frecuentes! Pensar que el estremecimiento que experimenta un adolescente ante una mirada femenina o masculina, por lo cual nace un noviazgo o se alimenta, para llegar a constituir una familia cristiana, es caer en esa especie anatema de que “ya adulteró en su corazón”, sería castigar demasiado duro a todas nuestras madres y padres legítimos. Tal vez se podría aplicar a los ilegítimos. Pero es mejor reservar esos juicios a Dios.

            Otra cosa es en cuanto al segundo. Lo de “vivir como hermanos” se aplica a las parejas de hecho o casadas por el juez, en las que, por la edad, o por la enfermedad de uno de ellos (frecuentemente el varón) la otra parte se ha convertido en una especie de enfermero (a) permanente. Ya no viven como matrimonio, sino “como hermanos”; es decir, ya no tienen contactos sexuales. En ese caso ambos deben manifestarlo a un sacerdote, normalmente el párroco y comprometerse ante él a vivir de ese modo. Y el párroco, no es que les autorice, sino que respeta esa decisión y la comprende. De lo contrario, habría que exigirles la separación y en esas circunstancias, con posibles hijos por en medio, es preferible el mal menor.

Pero en el caso que estamos, y tal como lo expones, hay una conciencia demasiado laxa y pueden estar cometiendo, a parte del pecado contra el sexto mandamiento, el del escándalo. Y de eso se dicen cosas muy fuertes en el Evangelio (Mt. 18, 7).

 

 
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