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 Iglesia Una                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ En la guerra de los Balcanes servios y croatas invocaban el mismo Dios para combatir al contrario. Se cuenta de un soldado que llevaba un crucifijo en la boca en lo más arduo de la batalla. Ante hechos como éste me pregunto: ¿Por qué se encuentran tan divididos los cristianos? ¿Puede subsistir una Iglesia dividida? ¿Cuánta división hay en la Iglesia? ¿Existirá un día una cristiandad unida? ¿Tiene Vd. sabiduría para contestarme estas preguntas? Ángel Negrón, Mayagüez.

             R/ Siempre me ha dado mucho miedo cierta obsesión por lecturas bíblicas del Antiguo Testamento. Porque allí, entre otras cosas, vemos con demasiada frecuencia al Dios de las batallas y de las guerras, ganadas o perdidas, según su divina voluntad. Pero después de haber visto al Dios-Hombre entregar su vida por nosotros, acudir a su lección de amor en la cruz para vivir desde él la expresión del odio, me parece una contradicción demasiado manifiesta. Otra cosa es que ese soldado se sintiese ante la presencia de la muerte y quisiera que Dios no le abandonase a él como persona, dado que estaba obedeciendo a otros postulados sociales o militares.

            La cuestión de la unidad de la Iglesia es realmente todo un misterio. Pero tiene aspectos demasiado sencillos para no verlos con claridad, aún desde mentes no cultivadas. La barca de Pedro, por utilizar una imagen evangélica, en la que Jesús puso todo lo que traía del Padre (doctrina, moral, culto...) sigue, después de 2000 años sin otras fisuras que las llamadas “materias opinables” por los teólogos. Mientras siga siendo Pedro el que exprese en la voz del Papa lo revelado por Jesús y respaldado por el Espíritu Santo, no habrá peligro de hundimiento. La división nace de la testarudez de unos, de la imaginación calenturienta de otros, de la soberbia intelectual ante la Palabra de Dios (Biblia) que utilizan los terceros, y de la soberbia del corazón de los que no saben o, lo que es peor, no quieren obedecer al que tiene las “llaves del reino de los cielos” (Mt. 16,19), entregadas directamente por Jesús al primer Papa, Pedro. Tendrían que ser ellos quienes respondiesen a sus interrogantes.

            Por lo que a mí toca, no me creo con la sabiduría que supone su última pregunta. Pero, si me permite tirarme un farol, le diré que me considero más cercano a ella que cualquiera de los que han decidido crear una secta, del tipo que quiera. Se empeñan mucho en hablar de Jesús, pero quitan de él lo que no les conviene. Y no se dan cuenta de que han quitado lo más elemental de ese Jesús para nosotros, que es su presencia en la Eucaristía (Jn. 6,48...). Es el único método que conozco de quedarse Jesús con nosotros “hasta la consumación de los siglos” (Mt. 28,20). Yo prefiero ser “cola de león” y servir a Dios en la Iglesia Católica que “cabeza de ratón” y mandar, gobernar y aprovecharme de una “sección” de personas más o menos engañadas. Ahí es donde no se cumple lo de 1 Cor. 14,33.

 

 
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