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 Ángeles y hom.                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

            P/ ¿Son lo mismo? Cuando una persona llega a la santidad, ¿se convierte en un ángel o hay alguna diferencia entre santos y ángeles? Harry Morales

             R/ “Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible…” Así proclamamos nuestra fe en la Misa dominical.

            Lo visible puede clasificarse en tres categorías: mundo mineral, mundo vegetal y mundo animal; lo invisible prácticamente en una sola cosa: los ángeles. Se habla de lo visible, no sólo porque se ve, sino porque es capaz de ser captado por cualquiera de los otros sentidos externos: tacto, olor, dureza, sonido… Y de lo invisible, porque no puede ser captado por ninguno de ellos: se trata de un espíritu, algo inmaterial.

            El hombre cabalga entre ambos mundos, porque tiene un cuerpo visible, que nos asemeja a los  animales (en algunos órganos es más imperfecto que muchos de ellos) y un alma o espíritu invisible, por el cual nos diferenciamos del resto de la creación y podemos llegar a ser imagen de Dios; es lo que nos asemeja a los ángeles (Gen. 1,26). Por lo tanto, estamos hablando de dos criaturas de Dios, perfectamente diferenciadas por el acto creador del mismo Dios.

            Es cierto que por el cuerpo nos parecemos en algo a los otros seres del mundo visible y por el alma al invisible. Pero, si nunca una cucaracha, o cualquier otro animal visible, puede cambiar su esencia por la del hombre o viceversa, tampoco puede haber trueque entre un hombre y un ángel.

            Las almas de los santos del cielo serán en la presencia de Dios tan espirituales como los ángeles, pero no son uno de ellos. Ningún ángel podrá tener nunca un cuerpo y los santos, aunque no lo tengan ahora, se reunirán con los suyos en la parusía, con “la resurrección de la carne”, que proclamamos también en el Credo.

            Los ángeles son mensajeros de Dios, por etimología de la palabra griega “ánguelos”. Las almas de los justos en el cielo, o las de los condenados en el infierno, son más bien expresión de su misericordia o de su justicia.

            Te aconsejo que leas los números 328 y siguientes del Catecismo de la Iglesia Católica. Allí encontrarás el fundamento de todo esto y muchas citas bíblicas correspondientes al tema.

 

 
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