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 Comunión sin fe                                                                                             Aguada, Puerto Rico

 

 

P/ He visto personas renegando de su Fe Católica, al recibir la unción de otras denominaciones religiosas. ¿No es esto una apostasía? ¿Cómo es posible verlas después en una Misa católica comulgando o llevando las ofrendas al altar? ¿No va en contra de los cánones y preceptos de nuestra Iglesia? Juan Rodríguez, S. Juan.

 R/ ¡Desde luego que sí! Al menos exteriormente. Porque, como dice un adagio latino: “de internis, nec Ecclesia” (nadie juzgue “de lo interior, ni la Iglesia”).

Hace ya un par de años presencié por TV la ceremonia de un bautismo por inmersión de uno de esos apóstatas. Era una mujer, vestida con una túnica blanca, a quien el “pastor” zambullía en la piscina. Al salir, la túnica se plegó de tal modo a la piel, que se transparentaba su color tanto como el de las dos únicas prendas más íntimas. La gente aplaudía con ganas; no sé si por la fuerza del espíritu (el “espíritu soplón”, supongo) o por lo excitante de la escena…  A veces, la apostasía cobra un precio muy alto, incluso en lo grotesco…

Creo que no vale eso de que “yo, por no dar una mala sensación, me dejo ungir, pero en mi interior no acepto nada de eso, porque tengo clara mi fe”. Eso podían haber hecho los mártires, cuando les mandaban sacrificar a los ídolos y prefirieron hacer lo que les decía su conciencia. Si hubiesen tenido en cuenta este pensamiento, hoy no les celebraríamos en la liturgia del santoral cristiano.

Tenemos dos casos muy cercanos: El presidente de Estados Unidos fue invitado a una ceremonia católica y comulgó en ella, siendo metodista; lo cual no está conforme a las indicaciones de la última carta del Papa sobre la Eucaristía. El gobernador de Puerto Rico, después de visitar al Papa e intercambiarse regalos, llegó a la isla y a los pocos días se dejó ungir por un gurú africano… Insisto en que no quiero juzgar a esas personas y mucho menos condenarlas, porque no tengo constancia del convencimiento interior con que lo hicieron. Pero indudablemente estos casos no deberían darse.

En el fondo es llevar a cabo aquello del Evangelio: “Nadie puede servir a dos señores”.

Otro caso puede ser la mera asistencia a una boda o a un funeral de un amigo o familiar en otra iglesia. Nosotros siempre podremos rezar por esa intención, porque si no es eficaz nuestra oración para el amigo, lo será para el que reza, a quien nadie va a quietarle ese rato de contacto con Dios. Lo que no puede hacerse es participar en una “liturgia” extraña, sobre todo en la parte sacramental.

En una ocasión yo iba a participar en una Misa Dominical con un grupo de muchachos. Otro, musulmán, que había hecho cierta amistad con algunos de mi grupo, me dijo que quería ir con nosotros. Yo le advertí que no debería moverse del sitio, aunque viese que los otros se acercaban al Comulgatorio. Él fue totalmente prudente. ¡Bendito sea Dios!

 

 

 
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